Adiós, Wos

Acabo de llegar a casa desde Crevillent y estoy con las emociones disparadas, qué dos días más duros desde que supe que sí, que Wosky había fallecido. Me lo dijo mi hijo Javier en casa con lágrimas en los ojos y mi primera reacción fue de enfado monumental, vamos a ver, cómo que ha fallecido si iba a empezar con la quimio, qué mierda es ésta, joder. Luego todo ocurre rápido, un pelotón de malagueños nos lanzamos en mi recién adquirida furgoneta a Crevillent para darle el último adiós a nuestro amigo, qué digo yo, para al menos estar ahí con su familia.

Voy a ser breve porque estoy disparado, alterado aún. El 27 de mayo, tras el partido de la final de la UEFA del Rayo Vallecano, nuestro amigo el fotógrafo-personaje-comediante-diseñador Francisco José Cortés «Wosky» se va a urgencias porque se nota una opresión en el pecho. Allí le hacen pruebas y detectan que tiene un cáncer de pulmón con metástasis en grado 4 y que necesita quimioterapia urgente… y no sigo, lo de después ha sido demasiado rápido.

Ha muerto, sí. Para quien no lo conociese, es el fotógrafo de las portadas de «»Polo Sur», «Tía Lucía», «Barrio De La Paz Acto 1», «Días De Vino Y Cosas», «Decantando», «Incorrecto», qué sé yo. Trabajó con Danza Invisible durante el final de los 90 si no me equivoco, trabó gran amistad con todos nosotros. Luego me acompañó en mis aventuras en solitario, se hizo amigo íntimo de mi hermano Jose, entró de lleno de ideólogo en el colectivo anarco-artístico And The (los creadores del reciente homenaje a Chiquito de la Calzada llamado «La Marcha Cobarde»), se hizo personaje fundamental de la escena músico-artística de Málaga… No os podéis imaginar, era un tipo carismático donde los haya, con un sentido del humor desbordante.

El caso es que van ya tres personas del entorno de Danza Invisible que fallecen por el puto cáncer. El primero fue el gran Paco Rubio, conductor y técnico, asfixiado por el pulmón. El segundo ha sido el poeta, letrista Antonio de la Rosa, y ahora Wosky, me cago en la mar. Llevo todo el día recibiendo condolencias, qué querido era el tipo. En Crevillent me ha tocado levantar el ataúd junto a otros amigos -una tradición de pueblo que desconocía- y dentro del horror, surgen unas risas reconfortantes: las patas del ataúd se escurren y comienzan a andar solas cuesta abajo, la chica de la funeraria no puede evitar descojonarse y todos sabemos que es un mensaje del más allá de nuestro Wosky, su última broma-ocurrencia. Gracias por todo, amigo, te quiero.