Chorrito del Sur

Ocurrió hará un par de años. Resulta que mi amiga Silvia Grijalba había tenido a bien el invitarme a un coloquio sobre la poesía y el rock en el Museo Municipal de Málaga. Había escuchado que yo había creado una mini-editorial con Bunbury para dar cabida a los poetas jóvenes y quiso conocer mi experiencia de primera mano. Pues bien, allá iba yo en compañía de Julián Hernández  y Sabino Méndez a disertar sobre las relaciones entre el rock, la poesía y el pulpo frito y comencé mi intervención, contentillo tras unas cañitas que me había tomado con ese crack galaico que es Julián, exponiendo mis dudas sobre si ciertas canciones de rock pueden o deben llamarse poesía. Venía a decir que los años me habían vuelto mucho más escéptico y que igual que de jovencito fui capaz de interrumpir una clase de literatura para expresar mi disconformidad con el profe –no había héroes modernos, decía él, a lo que yo contesté impulsivamente citando a Warhol y la teoría de “just for one day” de la canción “Heroes” de Bowie-, en estos tiempos de adormecimiento colectivo pensaba que el idealismo era algo casi inútil. Ya no había mayos del 69, ¿acaso no hubiese seguido gobernando el PP de no ser por el terrible atentado de Madrid? Seguí hablando de la falta de romanticismo de los tiempos recientes y patatín patatán  hasta que alguien del público pidió turno y…

 

-Entre todas las tonterías que se han dicho esta tarde hay una que destaca por su especial obscenidad y la ha dicho este chico: ¿Cómo puedes alegrarte de algo tan terrible como el 11-M sólo para que no gane el PP?

 

Glups. La violencia con la que espetó el comentario todavía me saca los colores. Vamos, que se me cortó el rollo del todo (y la digestión de las cañas), a pesar que tanto la hiperactiva Silvia como Julián y Sabino saltaron como posesos para poner las cosas en su sitio. ¿Iba la cosa de provocación pseudo-intelectual del que disfruta con el escándalo? No podría asegurarlo, pero qué fuerte. Nada estaba más lejos de mi intención que hacer una diatriba política facilona, sino exponer mi falta de confianza en el poder de la música para cambiar el rumbo de las cosas. Veamos, hay mucha gente de mi generación que tenía muchísimas inquietudes culturales, y espero que esto no se tome como una batallita del Abuelo Cebolleta. Yo tengo un conocido que llamó a su hijo Dersu por la bella película de Kurosawa, por ejemplo. Pero ahora parece que las canciones (o las películas, las novelas…) ya no significan tanto para la gente. Esta anécdota ilustra perfectamente lo que les cuento, desde luego hoy día suscita muchísimo más interés el pelearse por tus colores políticos o futbolísticos que el preguntarse por la capacidad literaria del mejor rock.

Pero no nos equivoquemos. A mí sí que me preocupa la calidad de las letras, tanto como para no hacerlas yo por miedo a no estar a la altura. Lo que ocurre es que considero secundario que puedan catalogarse o no como “poesías”. ¡Pero si me cuesta mogollón agarrar alguna antología poética! No había leído a Gil de Biedma o a Altolaguirre hasta que me encargaron musicar alguna de sus piezas, cosa que disfruté bastante, por cierto –en el espectáculo “Memento”, con Javier Colis, que se presentó en el Teatro Cervantes de Málaga-. Pero lo bonito que tiene este asunto de la música es que unas palabras triviales pueden llegar a conmocionarte si se pulsan con el acorde adecuado en un determinado contexto. Por eso hay estupendos letristas que jamás podrían publicar un libro de poesía, ni maldita falta que hace. Pensemos en los mencionados Sabino Méndez y Julián Hernández: se trata sin duda de letristas eficaces que han conseguido hacer canciones estupendas, pero nunca de “poetas”. A este grupo de los “eficaces” podemos sumar un montón más de los de la Movida como Nacho Canut, Enrique Urquijo, incluso Jaime Urrutia. También tenían textos bonitos las canciones de Golpes Bajos, las de Nacha Pop, algo crípticas a veces, y las de La Mode, a pesar de su rematada pedantería. Pero me quedo mil veces con la irritante pretenciosidad de El Zurdo que con la falta de sustancia de casi todas las propuestas rockeras actuales.

El gran letrista de los 80 es, sin duda, Santiago Auserón. Una letra como la de “Semilla negra” sólo puede clasificarse de antológica y en general los textos de Radio Futura acertaron a captar un mundo propio en el que convivían lo culto con lo popular, lo sencillo con lo retórico. Puede que en los últimos años su imaginación haya sufrido un ligero desgaste, pero en las canciones de Juan Perro hay siempre garantía de un trabajo pensado y de calidad. En un registro completamente distinto también me encantaban las canciones de El Último de la Fila, hacedores de un rock sentimental que en sus mejores momentos podía llegar a conmover. ¿O no? Que Manolo García se repita más que el ajo no nos debería hacer olvidar lo buen escritor que puede ser, a pesar de ser capaz de titular un disco “Nuevo y pequeño catálogo de seres y estares”. Chúpate esa. ¿O no decía Albert Pla que “el negro es mejor que tú, no tiene malicia ni mal corazón”? Es que es también catalán pero de la onda loca, la de los Dalí o Jaume Sisa. Y ha creado estilo a base de soltar barbaridades en medio de los más dulces ambientes. Creo detectar parte de su influencia en las canciones de La Cabra Mecánica, un tipo que es capaz de citar a Pemán en los créditos y lamentarse por los “alijos incautados”. Cómo era el Lichis, ahora creo que está muy tranquilo. El que no sé si lo sigue estando es Sabina, “que pierde la calma con la cocaína”. Gran frase, sí señor. Y mejor o igual de buena cuando la declamaba la sevillana María Jiménez, por cierto.

En Andalucía siempre hemos tenido la losa de Federico García Lorca que a veces no te deja moverte. ¿Herejía? Ni mucho menos. Lo que ocurre es que Lorca podía ser genial, pero a los lorquianos no hay quien se los trague. Pasa lo mismo con los calamaritos que imitan a Andrés Calamaro o los insoportables perroflautas que han surgido después del bueno de Manu Chao. En fin, les contaba que aquí no hay quien pare con tanta luna, estrellas, luceros y demás. ¿O no se acuerdan de cuando el rock andaluz y toda aquella empanada pseudo-progresiva? Menos mal que ahí salió un tipo como Kiko Veneno y puso las cosas en su sitio, aportando una modernidad sin discusión a un discurso que seguía siendo inequívocamente andaluz. En cierto modo continuador  ha sido su ex-amigo Chico Ocaña con sus Mártires del Compás, en uno de los raros casos en los que el alumno consigue a veces superar a su maestro. Pienso por ejemplo en la de los peluqueros y tantas otras historias maravillosas. Por cierto, alguna vez he escuchado por aquí por Málaga que Chico es sólo un imitador de Roberto de Tabletom, teoría que no comparto en absoluto. Las letras de Rockberto son graciosas, pero los textos con más sustancia de los tabletones los firma Juan Miguel González (apunten esta: “Algo así como un tango”, fabulosa). En una línea más clásica y menos chusca está el gran Javier Ruibal, el músico del que todos los músicos hablan y el gran público apenas conoce. Éste va como de refinamiento amoroso, me imagino que bebiendo de la tradición literaria musulmana. No se lo pierdan. Terminemos estos breves apuntes locales salvando a un lorquiano de la quema: Carlos Lencero, el extremeño que escribía para los Pata Negra, lamentablemente fallecido hace no mucho.

Al principio les contaba que llegué a tener una mini-editorial de poesía: “Chorrito del Sur”. Publiqué un par de libritos que se vendían por internet a precios simbólicos, 4 o 5 euros. Mi idea era recuperar lo invertido para poder seguir sacando a otros autores que me gustasen. Ya lo he abandonado: demasiado trabajo, se te quedan libros colgados, problemas con la imprenta. Mientras termino de escribir esto, a mi lado un amigo canta uno de los 4 goles de Higuaín al Málaga. Yo también me levanto, pero maldiciendo. Por varios motivos.

 

(Artículo publicado en el libro «Litoral / Rock Español- Poesía e Imagen», 2010)

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