Cuarenta años no son nada para Danza Invisible

Foto: Javier Ojeda baila sobre el escenario del Festival Brisa. 

Cuarenta años no son nada si de Danza Invisible se trata. En este Festival Brisa que celebra el icónico aniversario de la banda malagueña, sólo algunos detalles separan la experiencia de cualquier otro concierto de los que se celebraban cuando ellos, Radio Futura o Duncan Dhu comenzaban a maquetear haciendo las delicias de la generación del Baby boom. Ahora se puede pagar con contact less, grabar en 4K con teléfonos que entran en el bolsillo y aquellos boomers hoy tienen alguna cana más en las sienes.

Pero la música se siente igual. Cambian micros, se añaden pantallas y la iluminación es led, pero la música sigue siendo otra cosa, sigue siendo lo mismo que ya dominaba Danza Invisible en 1982 en unos bajos de Torremolinos. Los malagueños son el epicentro gravitacional del baile esta noche de verano.

Antes de que todo suene a una nostalgia muy actual, Anni B Sweet puso la cuota del actual milenio bajo un sol que castigaba una arena a medio llenar. Sobre el albero y en las gradas se espera el lleno, pero habrá que esperar a que lo completen los recuerdos.

Julio Ruiz, voz que da entrada a los conciertos años después de darles entrada a las radiofórmulas, anuncia otra de las fechas redondas, Juan Perro nació hace 30 años, con la muerte de Radio Futura, para que Santiago Auserón continuase dando salida a su poesía rítmica. Bromeaba en Málaga Hoy con que para sonar a los ochenta hay que hacer como no que sabes tocar, pero no parece que el público esté de acuerdo al cantar sus temas “más maduritos”.

Si a menudo el estado de salud de un festival se mide por sus barras, las que se levantan sobre el albero de La Malagueta funcionan como un perfecto electrocardiograma que se expande y se contrae al continuo ritmo al que los camareros van sacando cervezas, combinados y otros refrigerios para hidratar la garganta.

Aquello que dijo Camarón de que la gente va a los Festivales a charlar y no a escuchar los sonidos parece una verdad a medias en Brisa. Los asistentes que están más cerca del escenario bailan mecidos por las ondas de los grupos al compás, tratando de mirar a los solistas a los ojos y encontrar una conexión. Cuanto más acerca el cronista la mirada a la antagonista barra, más puede observar que las miradas acaban en los núcleos interiores de la conversación grupal que acompaña el hilo musical directo. Dos maneras de disfrutar el directo, en comunión con el artista o con los tuyos.

El viernes abrieron el ciclo de conciertos La La Love You, Seguridad Social, Miss Caffeina y Dorian; este domingo se espera que acabe con los directos de Dry Martina y Amaia, ambos regados con la reinterpretación de un tema de Danza Invisible cantado a dúo con Javier Ojeda, como se viene haciendo en los ya celebrados.

“En los mundos de la farándula es difícil tener una amistad que dure 40 años, pero nosotros lo hemos conseguido con Danza Invisible”, introduce Auserón a Javier Ojeda ante la algarabía del público. En la “Málaga perrrrla del mar”, vuelven a gozar en conjunto, aunque esta noche no acabarán cerrando bares por toda la Costa del Sol.

Contrasta la verborrea de Juan Perro en las introducciones a los temas con los escuetos “muchas gracias” de Mikel Erentxun. Se centra el donostiarra en hacer disfrutar con su música a un público entregado que le palmea. Sigue todo igual cuando las canciones que más se disfrutan son las antiguas, las que sonaban en el 600 camino de las vacaciones por las carreteras nacionales.

Protagoniza Erentxun otro de los recuerdos de que han pasado cuarenta años cuando pide al público que enciendan los mecheros y quince flashes rodean alguna llama tímida, como la luna que sólo asoma un cuartito esta noche de verano y una brisa que trae ‘gaviotas’.

Roza la media noche y salen Javier Ojeda y compañía prometiendo una noche de recuerdos y juventud. De volver a aquel verano que siempre puede volver a ser este en todos y cada uno de sus recuerdos. La ‘escuela de calor’ es esta noche y no el lunes ni el martes. Seguirán uno detrás de otro sus mejores souvenirs, que no son pocos. Porque cuarenta años no son nada. 

(Jorge Pedrosa para Málaga Hoy).

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