De 9 a 5

Mi cabeza no para de girar en torno a canciones. Hoy mismo, para titular este artículo, recurro a una de los Kinks, una de mis bandas favoritas de todos los tiempos. A esta gente le dio una temporada por hacer discos conceptuales influenciados por la estética del cabaret, donde se mezclaban ejecutivos agresivos, tristes amas de casa, hacedores de estrellas y aburridos oficinistas. Y de eso trata la canción, de la triste rutina diaria del trabajo en la oficina, la abrumadora monotonía de un curro que no te llena.

Yo desde adolescente siempre he tenido claro, siguiendo otra máxima de los Kinks –“I’m not like everybody else”- que no quería ser como los demás; ni mejor ni peor, sólo yo mismo. Alejarme de la monotonía se convirtió para mí en cuestión tan capital que llegué a cometer un sinnúmero de burradas hasta encontrar el que iba a ser mi camino. Por ejemplo: alborotar en manifestaciones políticas cuyo sentido desconocía, insultar policías o alardear de fumar porros cuando lo cierto era que me sentaban, y todavía me sientan, como el culo. De todos modos he crecido con esa época de la transición española que tan determinante ha sido para las costumbres actuales; hoy día pocos se asustan cuando ven a un tipo en un banco con un pendiente o una pareja de gays de la mano, ¿no? (bueno, algunos, pero con esos no hay quien pueda). Ahora bien, reconozcamos que el sistema, como siempre, ha acabado engulliendo los tiempos de agitación callejera y adormeciendo a los más beligerantes con teleseries y Playstations.

 

Incluso en mí, siempre tan contestón, cada vez más se va produciendo una contradicción entre mi naturaleza anárquica con una necesidad enfermiza de ordenar matemáticamente cada suceso que me rodea. O sea, que a falta de un trabajo de 9 a 5 me invento una serie de actividades que cumplo a rajatabla y para colmo me encantan. Leo un poco antes de desayunar, ojeo los mensajes de correo electrónico, el MySpace, algo de prensa . Desayuno con música, escogiendo entre mis últimas compras o lo que me toque de mi lista alfabética de discos. Estoy suscrito a revistas musicales digitales que me tienen informado de lo que ocurre, así he descubierto el estupendo disco de Iron & Wine. Lo escucho mientras recojo los platos, y pienso que mañana debería hacer algo de deporte (dos o tres veces a la semana). Me compro matemáticamente 10 novelas al año, 10 cómics (¡sí!), 50 discos, veo una película a la semana. Sigo preparando lo nuevo de Danza, mientras estamos de  ensayos generales. También quedo cada 7 días con mi amigo Miguel Paredes, haciendo música para no sabemos qué. Y luego, vuelta a empezar: un nuevo concierto, trasnoche y el caos se impone de nuevo. Vuelve el adolescente majara.

 

(Artículo publicado en ADN Málaga el 13-06-08).

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