Siempre he pensado que a los músicos nos hace falta algo de autoestima, que no sabemos vender bien nuestros logros. Pensemos por ejemplo en los bufetes de abogados o de cualquier otra cosa, siempre tienen por ahí una especie de tablero con las normas que los empleados han de cumplir: no llegar tarde al trabajo, vestirse de manera adecuada, qué sé yo. ¿No os habéis fijado por ejemplo que los mentados abogados hablan más fino cuando entran «en modo de»? Al momento el toque andaluz, extremeño o murciano se difumina y pasa a ser una especie de castellano impersonal.
Por no hablar de los economistas. Como se saben imprescindibles, tienden a hostigarte dando por sentado que conoces términos como «el Modelo 340» y se quedan tan panchos, y eso es injusto porque que yo sepa nosotros no les aturdimos con la «novena aumentada» o la «anacrusa». ¿Y los dermatólogos? Además de plantarte en la consulta la aureola de su título te conminan a permanecer en silencio durante la espera para luego atenderte y recetarte siempre lo mismo: Fucibet, Fucidine, Adventan, Brentan y Diprogenta, a veces me da por pensar que es siempre la misma pomada y nos la sueltan de manera aleatoria para dárnoslas con queso, mi hermano es uno de ellos y sé de qué me hablo. Ah, también se pone en modo doctor y habla algo más fino, como mi primo el abogado.
Por eso a modo de declaración de principios y enarbolando mi posición privilegiada de Medalla de las Artes de Andalucía -he de aprovecharme de esto como hacen los doctores con sus títulos- y no sé cuántas distinciones más, voy a publicar mi decálogo, los diez mandamientos que ha de cumplir cualquier músico que toque o vaya a tocar conmigo, las normas de mi empresa. Aquí van, pronúnciense en correcto castellano por dios:
1) Ir de estrella, no tratar bien a la gente, no ser agradable con los técnicos llevará acarreada la expulsión inmediata.
2) Se estará autorizado, incluso se alienta en determinadas circunstancias, a drogarse, beber mucho, ligar y todo esto. Eso sí, siempre que se cumpla en escena y ensayos, no molestes a tus compañeros ni te pongas plasta.
[3) Prohibido ir a clases de canto, y mucho más hacer estúpidos ejercicios vocales antes del show. Si eres cantante o corista se supone que ya cantas bien y no necesitas de esta peña, ¿no? Si ellos saben tanto de cantar, qué hacen dando clases y no subidos a los escenarios, ¿eh?
4) Se recomienda no llevar estos nuevos auriculares modernos que parecen pequeños penes blancos en tu oreja. También es aconsejable no hablar en exceso de política ni mencionar la IA cada dos por tres.
5) Terminantemente prohibido ir a psicólogos. Si alguien lo hizo en el pasado ha de demostrar que fue un error de juventud. Si alguien acusa algún problema ha de acudir al Gran Jefe (yo) y este le animará con su buen humor y aplastante lógica y evitará que pague una fortuna.
6) No contrariar a JO con la conveniencia de hacer un set list más estable, no pedirle que no cambie de repertorio en cada bolo. Mucho menos recomendarle hacer un disco de duetos o que «mida más sus pasos».
7) Si JO y tus compañeros están de fiesta tras un show y quieres ir al hotel porque estés cansado te jodes y pillas un taxi, no hay más que hablar.
8) Prohibidos los solos muevepollas, o sea, virtuosismo de mil notas tontas -particularmente nocivo es emular el final de «Sultans of swing». Se premia la actitud y visceralidad. También el sentido del humor en escena y la imprevisibilidad.
9) Frases de Instagram como «Todo preparado para el show de esta noche», «Gracias Madrid, ayer lo disteis todo», «Se vienen cositas», etc, acompañadas de fotito tonta pueden llevar acarreadas una tarjeta amarilla. Solo se permiten en caso de petición expresa del promotor, y si nos cae bien.
10) Ser valiente, soñador, entusiasta, tiene matrícula, ¡¡eres músico joder!!! Conservadores, muermos y conformistas nunca estarán o ya no están en mi banda.
En muy breve, más noticias INCORRECTAS.