Javier Andreu (La Frontera): «Si tocas gratis se ríen de ti y piensan que estás loco»

Con nuevo disco apenas publicado y un reciente documental sobre su carrera, el cantante de uno de los grupos más exitosos de los 80 y 90 hace balance de su trayectoria y de su nueva aventura en solitario

Foto: Javier Andreu, en Madrid el día de la entrevista. /





Léase la siguiente entradilla con la voz de Sam Elliot al principio de El gran Lebowski (1998), pues esta es la historia de un hombre indicado para su tiempo y su lugar. Javier Andreu (Madrid, 1963), el nombre que le pusieron sus amorosos padres, espera en la barra del bar tomándose un cubata. Son las seis de la tarde y llueve, pero le da igual; otea el interior del local con las gafas de sol puestas. Saluda estrechando la mano el cantante de La Frontera, un adicto al silencio que habla de Bob Dylan y David Bowie. Pero Andreu es tímido, aunque no lo parezca. Le ha llevado su tiempo lanzar su segundo disco en solitario: El hombre que salía demasiado (Family Spree Recordings, 2023), o al menos así lo aseguraba en el documental El peor héroe del far west (2023), dirigido por Juan Moya. Javi se ríe con las historias que se cuentan de él, puede morir con una sonrisa sin tener la sensación de que el Señor se la ha jugado.

P. ¿Qué es un héroe?

R. Un héroe es alguien que hace algo bueno por la humanidad.

P. Entonces, ¿por qué se considera el peor héroe del Far West?

R. Porque no soy ni del Far West, para empezar.

P. Dice que es un vaquero de pega porque le dan un poco de miedo los caballos y no le sientan bien los sombreros.

R. Sí, así es. Hago más el indio. De hecho, cuando era pequeño, jugaba a los indios y vaqueros y yo era siempre el indio.

P. Crece en la calle Ferrocarril, y cuando pasaba los veranos en Cercedilla se metían en los vagones. ¿Era solo un juego?

R. Me metía en los vagones sin saber dónde iba porque pensaba que era Bob Dylan. Tuve una época en la que pensaba que era Dylan. No es que quisiera ser como él, sino que pensaba que era Dylan. Entonces iba con mi guitarra y me metía en los vagones de los trenes de mercancías porque ahí no llegaba el revisor. Podíamos aparecer en Segovia o en Beasáin. Luego nos colábamos en otro tren y volvíamos. Por otra parte, en Madrid iba por todos los parques cantando mis canciones pensando que era Bob Dylan. Era una especie de esquizofrenia extraña. Hasta me echaron del colegio.

P. ¿Por creer que era Bob Dylan?

R. Sí. Y porque no iba a clase nunca. Era buen estudiante, lo que pasa es que me dio por irme a los parques a tocar la guitarra y dejé de estudiar.

Hice primero de Publicidad, pero cateé casi todas las asignaturas porque tampoco iba a clase. Me quedaba en el bar»

P. Pero sí estudió una carrera…

R. Hice primero de Publicidad, pero cateé casi todas las asignaturas porque tampoco iba a clase. Me quedaba en el bar.

P. Donde se empezó a formar La Frontera.

R. Sí. Estos estaban jugando al mus. Yo no sé jugar, así que estaba bebiendo, que es lo normal en mi caso (risas). Les dije que tenía un grupo que se llamaba La Visión, en Embajadores, en los locales de FAICO, y les invité a ir para tocar juntos unas canciones. Cuando llegamos, cada uno cogió un instrumento y a mí me tocó ser el cantante porque me quitaron la guitarra. En realidad éramos todos guitarristas. A José Battaglio le tocó la batería y a Toni Marmota el bajo.

P. Usted ya se había presentado con anterioridad al Festival Rock Villa de Madrid…

R. Siempre me presentaba con Los Neuróticos y con La Visión, pero no conseguíamos nada. La siguiente vez fue con La Frontera.

P. ¿Creía que podía ganar?

R. No pensaba nada. Simplemente seguía componiendo. Tenía muchas canciones con La Visión.

P. Coque Malla cuenta que La Frontera le parecía un grupo absurdo porque basaban su música en la estética del oeste.

R. Él pensaba que íbamos disfrazados. A ver, es verdad que íbamos un poco disfrazados, pero no tanto (risas). Íbamos con botas -siempre las había llevado- y con un chaleco de cuero. Me gustaba esa estética, igual que la rocker. ¡Los punkis también se ponían un chaleco de vez en cuando! Nosotros éramos punkis, pero nos fijamos en que estábamos teniendo éxito con ese tipo de música y nos dio por disfrazarnos un poco más con la estética del western, con un lazo o un pañuelo, un chaleco y las botas. Tampoco teníamos pasta como para irnos a Londres a por chupas. Yo me fabricaba las muñequeras de pinchos. Mi padre era tapicero, le cogía el cuero, ponía dos hebillas para que cerrara y me iba a por los pinchos a una zona cercana a la Plaza Mayor. Pero se notaba muchísimo que esa muñequera de pinchos no era de Londres. Éramos los punkis pobres.

P. ¿Le ha preguntado a Josele Santiago si la canción ‘John Wayne’ de Los Enemigos iba por usted?

R. Es que no estoy muy seguro. Me suena que sí… Pregúntale tú a él. Han pasado tantos años… Me suena que sí, que está dedicada a mí, pero pregúntaselo de todas formas [N. del. R.: Josele Santiago asegura que la canción de marras no va por Javier Andreu].

Los de sexo, drogas y rock’n’roll no hay que dejarlo nunca, porque si no estás muerto. Pero es verdad que ya no es lo mismo; antes echaba tres polvos y ahora uno o ninguno»

P. Los hoteles por los que pasaban cuando giraban sufrían su estancia. ¿Había que aprovechar aquello de sexo, drogas y rock and roll?

R. Y ahora también. Eso no hay que dejarlo nunca porque si no estás muerto. Pero es verdad que ya no es lo mismo; antes echaba tres polvos y ahora uno o ninguno (risas).

P. Hasta hace no mucho, y según cuenta en el documental, se veía en la obligación de coger un tren a Huesca para tocar allí por trescientos euros, teniendo que repetir la operación al día siguiente en Valencia. Javier Ojeda le llama a esto “bolos alimenticios”. ¿También se sentía como Bob Dylan?

R. Sí, claro. Es lo que hacía: me montaba en el tren con mi guitarra y cantaba por ahí. Al principio yo tenía miedo escénico porque había un cambio de personalidad bastante potente; de repente me di cuenta de que era el cantante de La Frontera y no Bob Dylan. Soy un luchador, un trovador y una cigarra. Me gusta cantar. ¿Que no hay bolos? Pues me los invento. ¿Que hay poca pasta? Me da igual: voy y vuelvo. (…)

(Carlos H. Vázquez para El Periódico de España).