El artista malagueño asegura que le haría “mucha ilusión” recibir el reconocimiento del municipio oscense
Actuación de Javier Ojeda en el Metro Festival 2025 en Almudévar. Foto Mercedes Manterola
En Almudévar, la música no se apaga con la lluvia, aunque a veces la tormenta se empeñe en dictar silencio. Fue en 2024 cuando un chaparrón inoportuno obligó a suspender el concierto de Javier Ojeda, el mítico cantante de Danza Invisible. Sin embargo, aquel aguacero no borró la expectación ni la cercanía del artista: con su buen humor y su ingenio en el escenario, Ojeda convirtió la frustración en complicidad, y lo que podía haber sido un fiasco acabó siendo el comienzo de un vínculo especial con los vecinos, como si hubiera crecido bajo el mismo cielo oscense.
El reencuentro llegó en 2025, cuando el malagueño regresó al Metro Festival para saldar la deuda pendiente y regalar al pueblo el recital que la lluvia había arrebatado. Aquella segunda cita fue más que un concierto: fue la confirmación de un flechazo mutuo entre un artista y un pueblo. Desde entonces, Ojeda no ha dejado de enaltecer las virtudes de esta villa, ensalzando incluso su postre más ilustre, la trenza de Almudévar, que él mismo ha proclamado como “el mejor de España”.
Ahora, la historia quiere seguir escalando, incluyendo un reconocimiento oficial. Una campaña en Change.org, iniciada por el propio cantante, propone que el Ayuntamiento lo nombre hijo adoptivo de Almudévar, un gesto simbólico que sellaría lo que ya expresó en una entrevista con este periódico y que ya es una realidad de facto: Javier Ojeda se siente un “saputo” más, como cariñosamente llaman los almudevarenses a los suyos.
“Nombrar a Javier Ojeda como hijo adoptivo de Almudévar no solo sería un reconocimiento a su carrera musical, sino también a su compromiso y amor hacia nuestro pueblo”, señala el texto de la iniciativa, que en apenas unas horas ya había cosechado ya un centenar de firmas.
Con su voz como bandera y su cariño por la tierra como pasaporte, el malagueño pide ahora un título que, para muchos vecinos, ya lleva en la sangre: ser hijo de un pueblo que lo adoptó en la música y que él lleva en el corazón.
(Miriam Martínez para Diario de Huesca).