Johnny

Todavía no he terminado de leerlo, pero puedo decir ya que «Cash» me tiene absolutamente atrapado. Se trata de la autobiografía de Johnny Cash (escrita en comandita con el periodista Patrick Carr), personaje mítico del country y la música americana de raíces. Sí, sí, ya sé que el libro se publicó el año pasado, pero si con los discos no suelo seguir apenas el factor novedad con los libros ni te cuento. Seguramente, la traducción de «Cash» el castellano se debió al éxito de la película «En la cuerda floja» – «I walk the line», como una de sus canciones más famosas, en el original-, estupenda recreación de la primera parte de su vida e interpretada magistralmente por Joaquim Phoenix y Reese Witherspoon. A sólo tres años de la muerte del protagonista (2003), «En la cuerda floja» seguramente ha propiciado la curiosidad en nuestro país por la obra de un autor, de proporciones míticas en el mundo anglosajón, que nunca fue muy popular aquí, seguramente por el mismo motivo por el que fueron mucho más conocidos los Four Tops que Curtis Mayfield, es decir, asuntos de discográficas y distribución.

«Short lives make good movies», decía de manera tristemente premonitoria Johnny Thunders.

Seguramente por esto Mangold optó inteligentemente por recrear en el film sólo un pasaje crucial de su biografía. Claro, siempre es más interesante mostrar las debilidades, adicciones y dudas de una persona que retratar la parte plácida de la existencia de un hombre que ha dejado de sufrir para convertirse en un buen hombre de familia, en un buen cristiano.

Pero «Cash» es, entero, lectura fascinante. No sólo por el interés que uno pueda tener por su música, sino por el retrato certero que a través de sus palabras y canciones se muestra de la América profunda, esa más cercana a las novelas de Carver que al glamour hollywoodiense, la de los perdedores, los marginados, los solitarios. Aquellos a los que la historia olvida y que son pasto feroz de predicadores locos y políticos belicistas, esa gente de pueblo que, de algún modo, son los mayores consumidores de música country. Un género terriblemente denostado por los modernos de pacotilla, posiblemente por desconocimiento: ¿por qué Neil Young o Wilco sí y Merle Haggard o Buck Owens no? En fin , Johnny Cash, algo así como el Agujetas del country, sí que gozó en los años finales de su vida de un reconocimiento unánime entre las jóvenes generaciones alternativas, posiblemente por ser de los poquísimos músicos cuya obra trasciende géneros y modas, ahí queda la devoción de gente tan dispar como Springsteen, Depeche Mode o Nick Cave. Y un tipo que sorprende en su autobiografía al mostrarse como un enamorado, un hombre que encontró en June Carter Cash la razón de su existencia.

(Artículo publicado en ADN Málaga el 11-05-07)

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