Los surcos de mis lágrimas

A mí hay cosas de la Navidad que me gustan, porque como todo el mundo sabe todo lo que tenga que ver con la fiesta, el comercio y el bebercio me son muy apreciados, pero la verdad es que no he tenido suerte esta Navidad y tampoco la anterior. El año pasado pillé un gripazo que me tuvo en casa con fiebre durante la Nochebuena y el día 25, y éste pillé una intoxicación alimentaria que me ha tenido KO las mismas fechas. Pero lo de perder a un amigo sí que no tiene arreglo.

Y Antonio de la Rosa era mi mejor amigo. Lo conozco desde 1984 (Pablo Martínez Vaquero me aporta el dato), y estrechamos lazos cuando en un viaje de inter-rail pasé por Oviedo para coincidir con la gente de Modas Clandestinas, un excelente grupo de allí en el que él se ocupaba de las letras, esto fue poco después de grabar «Maratón», aún no estaba el álbum publicado. Lo que sí sé es que desde entonces hemos sido uña y carne y empezó a colaborar con Danza Invisible en 1993 con el tema «El signo de la cruz», incluido en «Clima raro». De ahí en adelante el contacto se estrechó y creo que no ha habido disco alguno en el que no haya intervenido desde entonces, ¡cuántas canciones se han beneficiado de sus textos! Por nombrar algunas: «Negros», «Lo que queda del amor», «Tengo que irme», «Pero ahora…», «Nadie como tú», «Pájaros libres», por no hablar de su ayuda vital en las adaptaciones de temas ajenos o su participación desinteresada en la mejora de otras que no eran suyas…

Éramos uña y carne. Le llamaba cuando estaba contento por algo y también cuando estaba triste y necesitaba desahogarme, quedábamos siempre que iba a Asturias con Danza o en solitario, se hospedaba en casa cuando venía de vacaciones, no sé qué deciros. ¿Cómo era el tipo? Extraordinariamente educado, generoso, humilde, siempre alejado de los focos, la persona menos presuntuosa que he conocido jamás, respetuoso, noble, híper sensible, el colmo de la bonhomía, joder.

Hace unos 11 o 12 años le detectaron un cáncer de próstata y ya le dijeron que era irreversible, aunque con medicación, sesiones puntuales de quimioterapia y demás podía mantenerlo a freno, que no eliminarlo, durante mucho tiempo, de hecho ha estado aproximadamente estable hasta hace unos dos o tres años. Yo le bromeaba en plan cabrón diciéndole que llevaba varios años muriéndose y el pobre se reía de mi humor negro. Creo que la bajona gorda le llegó el año pasado, ya le costaba caminar y demás y estos últimos meses ha estado recluido el pobre, sin poder salir apenas de casa, jodido.

A finales de octubre planeé hacerle una visita, pero me dio pereza por el tema de la lluvia y demás, aunque le prometí que iría a verlo antes de que terminase el año, al o que me respondió: «no sueles faltar a tus promesas». Las últimas veces que hablé con él lo noté muy, muy bajo, y el lunes pasado hablé con su esposa y ella ya me dijo compungida que le quedaban días. Saqué un billete de tren para irme desde Illescas, donde toqué el pasado sábado, a Oviedo para darle un último adiós pero el destino me ha sido cruel: el viernes por la noche me llamaron para decirme que acababa de fallecer. Por un par de días no he podido darle un abrazo como deseaba, me salen las lágrimas al recordarlo.

Hablando de lágrimas, resulta que durante el concierto de Illescas, mientras soltaba mis gansadas al público, se me venía a la mente esa extraordinaria canción de Smokey Robinson & the Miracles llamada «The tracks of my tears» (Los surcos de mis lágrimas) cuya letra reza así:

«La gente dice que soy el alma de la fiesta / Porque cuento un chiste o dos / Pero aunque puede que me esté riendo fuerte y animosamente / En el fondo estoy triste/ Así que mira bien mi rostro / Verás que mi sonrisa parece desencajada / Si miras más de cerca, es fácil rastrear / Los surcos de mis lágrimas».

Se ha ido mi compañero, una persona bella, mi confidente, mi mano derecha. Nuestros amigos comunes de Asturias están recopilando sus mejores escritos para poder editarle un libro póstumo, él nunca quiso hacerlo aunque escribía poemas regularmente, pero es que el hombre era así… Por mi parte, mañana entro al estudio a grabar un tema llamado «A punto de ocurrir» que tenía reservado para un álbum futuro, con un texto suyo sobrecogedoramente premonitorio. Siento que he de grabarlo ahora y brindárselo en lugar de ese último abrazo que no pude darle. Un beso allá donde estés, Antonio, el mundo es un lugar mucho más desagradable sin ti.