Zappa, el personaje
En principio parecía fácil la cosa, unas cuantas líneas para retratar a mi querido César Zappa, el autor del libro que tienes entre manos, y yo también parecía persona adecuada vista la gran afinidad personal que siempre hemos tenido, pero me encuentro confundido y no sé por dónde empezar. Lo primero que me ha venido a la mente ha sido una referencia a Jim Thompson, este escritor clásico de novela negra del cual por un motivo fortuito veo dos novelas rondando por casa (“1280 almas” y “Un cuchillo en la mirada”), ambas fuera de su lugar natural en la estantería. Luego me ha parecido un recurso demasiado obvio y he pasado a intentar describir lo que yo considero un “personaje” y que no es exactamente lo mismo que un “freak”, aunque no sé si acabo de verlo claro. ¡Zappa, coño, uuuuuhhhhh!!! Veamos.
A ver, mis hijos dicen que soy una de las personas más peculiares que han conocido y siempre andan contando que tengo una galería inagotable de amigos digamos, singulares, estrambóticos e imagino que únicos. Tengo a Jorge Diaz, el Santa Claus de Torremolinos, que consiguió el título en Groenlandia, al fotógrafo Wosky con su look inaudito y misteriosas ausencias, X.T., el gallego del que nadie sabe muy bien a qué se dedica (nada de drogas, ¿eh?, así sería muy fácil), por no hablar de la pléyade de músicos con los que congenio, como los del chat Cacapajas (Javier Andreu de La Frontera y Javi Cano que no es humano) o los del In Memoriam Javier el Calvo (que al igual que el personaje de Peret, no ha muerto sino sigue de parranda). César Zappa encaja como un guante en este sub-mundo en el que me ha tocado vivir para mi goze y regoze, mola más con zeta esto. A ver, no es lo mismo un freak que un personaje. Me temo que yo puedo ser un freak pero nunca un personaje y Zappa de freak no tiene un pelo, pero es sin lugar a dudas un personajazo, diría yo.
En el mundo del rock español todo el mundo sabe quién es Zappa. Dentro del gremio ha hecho de todo menos ser músico: mánager o road manager de artistas como Toreros Muertos, La Unión o Fangoria, dirección de espectáculos, conductor cuando hace falta, actualmente dirigiendo los destinos de Jaime Urrutia, qué te digo yo, al tipo lo conoce todo el que se dedica a esto de hace unos años. Siempre vestido de negro y con preminencia del cuero, encaja como un guante en la descripción del rockero clásico canalla madrileño, este que te imaginas diciendo las palabras “chupa”, “tequi” o “birra” y deambulando por los locales nocturnos del centro de Madrid. O sea, la estampa clásica del tipo que parece muy duro por fuera pero que luego resulta ser un peazo pan, alguien entrañable. Y Zappa sin duda lo es, pero desde luego que ahí no queda la cosa.
Yo siempre he congeniado con él y nuestros lazos se estrecharon en una gira que hicimos por México donde él iba trabajando para Pablo Carbonell. Ahí pude ver que el tipo valía para un roto y un descosido, lo mismo estaba contigo de cachondeo que te arreglaba una maleta, como hizo con la mía. También pude observar que bajo su planta de tío festero había un lado firme para defender los derechos de su artista, le he visto poner a la gente en su sitio cuando hace falta, algo de lo que yo por ejemplo siempre careceré. También creo que sabe distinguir perfectamente con quien puede relajarse y con quién no, pienso. En fin, que le tengo bastante aprecio al cabrón.
Y resulta que también escribe. Lo que parecía que iba a ser un divertimento reflejado en su primera novela “Durmiendo en tu mano” (2014) se ha ido convirtiendo en una carrera cada vez más sólida y dos trabajos más han seguido a este esfuerzo inicial: “Corona” (2020), publicado durante la pandemia y por ahora su escrito más exitoso en cuanto a ventas y “37B” (2024), ambos ambientados en ese Madrid que tan bien conoce. Recuerdo que una vez me comentó en Málaga que “Durmiendo en mi mano” estaba pensada como el comienzo de una trilogía y no le acabé de hacer mucho caso, si en el mundo de la música es difícil hacer planes a largo plazo en el de la literatura debe ser ya la rehostia, ¿no?. Pero para mi sorpresa resulta que sí, que hay segunda parte como estás comprobando, y muchos años más tarde.
Y a ver, es que me da por pensar que Zappa sabe que tiene un buen prota, el guardaespaldas duro durísimo Álex La Calle -¿trasunto del propio autor? Alguna cosilla en común sí que tiene- transmutado ahora en detective privado y unos malos sumamente interesantes a los que merece la pena explotar. A mí me llena de orgullo que un tipo como él, siempre en la trastienda del rock & roll, saque tiempo para terminar trabajos como éste y que lo siga viviendo con tanta pasión.
Así que querida lectora o querido lector, os aconsejo las siguientes cosas antes de hincarle el diente a este suculento objeto:
1.Empezar por “Durmiendo en tu mano”, porque es un poco raro empezar por las segundas partes, ¿no crees? Aunque este libro también puede ser degustado de manera independiente, oye.
2.Investigar sobre el autor, mirar qué planta se gasta el tipo en sus redes sociales, así veréis que es más star que las estrellas (y buen fotógrafo, por cierto).
3.Siempre que sea posible, observad su cimbreo por camerinos y backline, es como su medio natural, un lugar donde brillar.
4.También siempre que sea posible, fijarse en cómo se dirige siempre a él su amigo Javier Ojeda: “Zappa, coño, uuuuhhhhh!!!!”
5.Esperar con impaciencia la siguiente entrega, la que clausurará la trilogía. Ole tus güevos, Zappa, entre tus virtudes está la de terminar lo que empiezas.