Prólogo al libro «Las tapas de Dani García»

Nuestro querido JO, en su afán de estar en todos lados, comete la estulticia de prologar el nuevo y ya exitosísimo (van por la 3ª edición) libro de cocina del chef marbellí Dani García, «Las tapas de Dani García». Aquí tienen el texto de nuestro aprovechado amigo . Sí, comentan por ahí que Dani le invitó personalmente al Calima, uff:

ALLANAMIENTO DE MORAGA

Conocí al sin par Dani García hace unos 4 o 5 años, en uno de estos “premios-de-no-sé-qué” a los que me habían invitado junto a mi hermano Jose, el típico sitio en el que inevitablemente te sientes desubicado y comienzas a arrepentirte de haber acudido. El acto se alargaba más de lo que uno hubiese deseado y los premiados iban poco a poco recibiendo sus placas conmemorativas previa enumeración de sus méritos profesionales. Inmediatamente uno iba sintiendo simpatía por este hombre de aspecto campechano que apenas articulaba algunas palabras de agradecimiento mientras el público aplaudía y se asombraba de su carrera, que ya empezaba a ser meteórica.

Una vez terminado el acto, era turno para hacer algo que se me suele dar bien: tomar copas y charlar, mientras mi hermano y yo comentábamos jocosamente que “había que arrimarse al cocinero”, puesto que no habíamos podido quedarnos indiferentes ante lo apabullante de sus méritos profesionales. Pues hete aquí mi sorpresa cuando Dani, todo naturalidad y bonhomía, se acerca a mí y me dice: “¡Si tú eres Javier Ojeda! ¡Yo tengo un montón de discos tuyos! ¡Qué ilusión me hace conocerte!” Ja, ja, ja, el primer paso estaba dado. Resulta que Dani había coincidido además conmigo en la época en que yo colaboraba con el Diario Málaga Hoy, donde el se dedicaba –cómo no- a la sección de cocina mientras yo contribuía con mis artículos deportivos que el Málaga C.F. consiguiera uno de los descensos más fulgurantes de su historia. El resto de esa velada fue todo risas y simpatía con su familia y su encantadora mujer, y quedamos emplazados a hacer un intercambio del tipo “tú me invitas a cenar a tutti plen y yo te hago una actuacioncita privada”, asunto en el que obviamente los comensales llevábamos las de ganar.

Ahí se nos quedó la cosa. La trayectoria profesional de Dani desde entonces no ha cesado de sumar, a la par que sus obligaciones profesionales iban quitándole más y más tiempo. Pero yo siempre he tenido una espinita clavada con este hombre y, tras varios intentos en falso, pude por fin cumplir mi promesa este año en una animadísima fiesta celebrada en La Moraga de Mijas-Costa en la que charlamos, bebimos, cantamos y por supuesto comimos, en ambiente de máxima camaradería. Por cierto, ¿alguno sabía que tiene un gusto musical exquisito? Nada de hits de usar y tirar, a cambio Quique González, Los Planetas y demás fauna alternativa prueban su iPhone en el que se lo descarga todo legalmente, como dice con orgullo. Integridad hasta la médula, sí.

Es muy de agradecer que nuestro hombre haya sabido mantener los pies en el suelo y con La Moraga nos ofrece una parte de su sapiencia, que es elevadísima, a precios más que asequibles y manteniendo la esencia andaluza que caracteriza sus gastronomía. ¿No es genial reivindicar el clásico bar de tapas y dignificarlo, añadiéndole la creatividad y sofisticación que le caracterizan? Aquí se van a encontrar una selección de recetas tan clarividentes como la hamburguesa de rabo de toro o esas croquetas de pringá, ¡parece mentira que a nadie se les hubiese ocurrido antes! Pero lo del sashimi ese de mero ya parce de otra galaxia… ¡aaahhh, Dani, que he de cuidarme la línea! En serio, afortunados lectores que os habéis hecho con este volumen, lo que os vais a encontrar no tiene desperdicio. Es como el reflejo de una persona que ya ha llegado a ser uno de los mejores chefs del mundo sin renunciar a sus raíces, a su gente, a su personalidad humilde que lo distingue de otros compañeros de gremio (¿o qué se creían, que lo de los egos era solo cosa de las estrellas del rock?). Estamos hablando de alguien que ama su profesión, de un tipo del merece la pena ser amigo. Como hubiese dicho Rockberto de Tabletom, ¡urge un allanamiento de Moraga!