Torremolinos vuelve a danzar

Danza Invisible tocará esta noche en su localidad natal tras doce años de “veto”, tal y como alega Javier Ojeda, líder de la banda

 

Hubo una época –a comienzos de los años ochenta, concretamente- en la que montarse en un autobús Portillo desde Málaga hacia Torremolinos resultaba ser un mayor alivio que el que sienten hoy día los que cogen a tiempo el último tren de cercanías con dirección a Fuengirola. A este autocar se subían los militantes del after punk más siniestro –al estilo de The Cure y Joy Division- pero también los mods. En general, todo aquel que no comulgara con la onda del rock andaluz –predominante en Málaga por aquellos años- o que, simplemente, prefiriese encomendarse a otros sonidos que venían desde fuera. Pero ese ‘fuera’ también era Torremolinos. Lo cuenta Ricardo Texidó, uno de los fundadores de Danza Invisible, en el libro ‘Una historia del pop malagueño’, cuya autoría pertenece a Javier Ojeda, ‘frontman’ de la banda mencionada (Cristobal Navas, Manolo Rubio y Antonio Gil completan el conjunto) e hiperactivo artífice de innumerables proyectos en solitario. Él mismo era uno de los que se subía a ese Portillo. Sigue afirmando que “había una diferencia abismal en cuanto a modernidad entre Torremolinos y Málaga”. “Venir de La Paz  -su barrio- a coger el Portillo para llegar a Torremolinos era una estampa muy liberadora”, rememora el cantante. A diferencia de Málaga, cuenta, “Torremolinos se abría a las discotecas, al funky, a The Police, The Cure, Talking Heads, a la nueva ola…”. Tanto es así que, aunque bien sabe él que la época dorada de la localidad fue la de los años sesenta, se atreve a decir que “a comienzos de los ochenta Torremolinos tuvo un pequeño resurgir”. Allí, a un Torremolinos bastante diferente al que durante esos años contaba con el Piper’s, el Hardy’s o el Tiffany’s –todas las discotecas y baretos con su genitivo sajón correspondiente, por supuesto- retornará Danza Invisible hoy a las diez de la noche, de forma gratuita y en la Plaza de la Nogalera. A lo grande. Y la ocasión lo merece, porque hace doce años que la banda malagueña no actúa en la localidad que la vio nacer cuando aún no era ni siquiera municipio.

 

“27 de septiembre de 2003”. Javier Ojeda recuerda a la perfección la fecha del último concierto de Danza Invisible en Torremolinos. Además, se la sabe de memoria porque fue el año que, según asegura, lo vetaron en la localidad y, por extensión, también a su grupo. Fue cuando Ojeda se postuló en contra de la Guerra de Irak. “Además, mostré públicamente mi apoyo al partido de Los Verdes en Torremolinos porque pensaba que un concejal ecologista podía servir en un municipio que estaba muy castigado urbanísticamente”, explica. Según cuenta Ojeda, a partir de ese momento Pedro Fernández Montes –polémico alcalde de Torremolinos hasta las pasadas elecciones municipales- hizo que Danza desapareciera de los escenarios de la localidad, que no de ella, pues el líder de la banda asegura que los integrantes nunca han dejado de sentirse reconocidos en Torremolinos, lugar donde aún hoy ensayan («para ser súper súper rigurosos el año 2007 sí estuve en solitario en la Caseta de la Juventud, porque una amiga mía llevaba entonces la programación y me pidió el favor de tocar a precio reducido»).  Sin embargo, Ojeda hace énfasis en que no es lo normal en él, pues no se considera “un tipo partidista”. Prueba de ello es su “buena relación” tanto con el Ayuntamiento de la capital como con la Diputación de Málaga. Pero en Torremolinos ha sido diferente. El mandato de Fernández Montes, argumenta, “ha intentado hacer todo lo contrario de lo que era la esencia de Torremolinos, símbolo de la libertad sexual, del hedonismo más salvaje, del cachondeo y las fiestas”. “Se ha potenciado todo lo contrario: un ambiente rociero que Torremolinos nunca ha tenido, una gestión cultural que ha brillado por su ausencia, una vuelta a los toros y a la caspa más profunda y un antimalagueñismo friki”, concluye. Ante este panorama, al cantante le rechina que haya “gente que no se ha atrevido a levantar la voz” durante todos estos años.

 

En el cambio de gobierno en la localidad –ahora con el socialista José Ortiz al frente, apoyado por el resto de partidos con excepción del PP- ve “buenas intenciones”, aunque todavía no echa las campanas al vuelo. “Hay que darles tiempo, están con muchas ganas”, dice. Uno de los intentos municipales de devolver a Torremolinos un soplo fresco de cultura es el festival ‘ Torremolinos Culture Summer’, que ha agrupado iniciativas que van desde microteatro hasta muestras de arte urbano, pasando por el concierto de Pablo Alborán del mes pasado o el propio de Danza Invisible, que cierra esta primera edición. Sobre la actuación de esta noche, Ojeda dice que será “un grito de liberación”, pero que de ningún modo se va a convertir “en un mitin político”. Consciente de que se trata de un concierto muy esperado, con él pretende “celebrar que la música es de todos”, “que Danza Invisible es tan de Torremolinos como lo es Fernández Montes”. Justo y necesario.

 

(Reportaje de Isa Bellido para Diario Sur).

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