Un buen día («Músicos en cuarentena»)

Os quisiera compartir mi modesta aportación al libro colectivo «Músicos en cuarentena», una iniciativa benéfica destinada a apoyar la investigación sobre una rara enfermedad, el Síndrome de SanFilippo. Os dejo aquí el enlace de la asociación por si queréis colaborar en esta iniciativa adquiriendo el libro: http://www.sanfilippobcn.es/portfolio-view/musicos-en-cuarentena-dias-de-confinamiento-musical/

UN BUEN DÍA

No se puede decir que ayer fuese una jornada para el recuerdo.  Han anunciado que la cuarentena se va a prolongar al menos un par de semanas más, hace un día de perros aquí en Málaga, de aquellos de los que se suele comentar “hace un día para estar en casa”, triste ironía, y para colmo llevo toda la tarde luchando con una composición nueva que se me atraganta. Hay que ver, de vez en cuando te encuentras con un pasaje musical que te seduce especialmente y piensas que le vas a meter melodía enseguida, sin embargo no consigo concretar. ¡Y el caso es que los primeros canturreos dispersos que me salieron iban en buena dirección! También lo que pasa es que estoy trabajando sobre un ritmo de 5/4, algo bastante inhabitual, y el ir sobre un tempo lento y estar yo jugando con melodías largas lo complica todo bastante más. Pero soy MUY cabezota y he de sacar esto adelante, un compás raro de mierda no va a poder conmigo… Mi jornada acaba con un justificado momento careto en casa (“no me has dirigido la palabra en todo el día y a tu hijo tampoco”) y un visionado de “Fargo” para el que me cuesta concentrarme. Poco a poco, por fin, mi mente se aparta de la música, mañana será otro día.

Y sí, efectivamente. La mañana se ha levantado nublada pero ya no llueve y me decido a hacer algo de running. ¿Cómo? ¡No está permitido! Pues resulta que afortunadamente tengo un pequeño terrenito -rollete rural, nada de mansión ¿eh?-  y puedo dar vueltas alrededor de mi casa, aunque esta perspectiva sería impensable para cualquier persona con dos dedos de frente: cada circuito mide aproximadamente 55 m, con lo que para hacer, pongamos, 3 km has de aparecer por el mismo sitio unas 55 veces. Por no hablar de que el terreno no es precisamente uniforme: mientras corro he de esquivar un boquete que ha hecho el perro, inclinarme para no toparme con las ramas de dos árboles y tener cuidado de no resbalarme cuando paso por el borde de la piscina. La cosa es pa’ verla: a nadie en su sano juicio se le ocurriría hacer nada semejante, es como lo de Induráin cuando el récord de la hora pero en cutrecómico. Pero para mí cumplir mis normas es muy importante, y me he propuesto que al menos tres veces en semana voy a correr y lo haré.

Hoy estoy contento porque Gema, mi mujer, ha tenido la brillante idea de sugerirme que utilice también la rampa que va desde mi casa hasta la carretera, he empezado a medir con el programita de mi móvil y gano nada más y nada menos que casi 20 metros, ¡ahora el circuito es de unos 75 metros (unas 40 vueltas)! Vale, técnicamente estoy cometiendo una ilegalidad, se supone que está prohibido utilizar los espacios comunes pero joder, este pasillo solo lo utiliza mi vecino y nosotros, ¡ya sería el colmo que alguien me llamase la atención por esto.! El perro corre a mi alrededor muy contento las primeras 4 o 5 pasadas de circuito, pero posteriormente pasa de mí, no hay nada divertido en seguir a un dueño zumbado que ni siquiera te tira la pelota.

Para mí el correr o montar en bicicleta, los deportes de hacer distancias, siempre han sido muy importantes de cara a la creatividad. Se me ocurren un montón de ideas mientras mi mente vaga y me olvido de que estoy corriendo, usualmente hay un momento en el que no sabes por qué motivo se te adhiere una melodía a la cabeza. Hoy, con el añadido de esos 20 metros en el circuito he conseguido lo que no puede en las tres ocasiones anteriores: que lleguen las endorfinas (a pesar del agujero del perro, la rama del árbol, el borde resbaladizo y la inclinación casi constante del cuerpo) y el cerebro te masajeé con esa melodía  inspiradora, en este caso es la canción “Good day” de The Kinks. Viene en uno de los discos más flojos del grupo, uno de los 80 llamado “Word of mouth”, pero el tema vale su peso en oro y hace como un mes o así lo escuché en casa casi sin querer. Un buen día.

Aagh, cuando llevo unas 20 vueltas me viene el pequeño latigazo que me avisa de que el sóleo está dañándose, siempre me pasa lo mismo. No el gemelo, el sóleo, un músculo bastante más coñazo. Pero hoy termino el circuito como sea, tengo ya una idea en mente para el tema del 5/4, a lo mejor se trata solo de hacer una estructura cíclica y que cambien los acordes en lugar de la línea de voz. ¡Creo que va a funcionar! Ah, la inspiración, qué cosa más complicada es. Para mí nunca llega basada en algún suceso que me haya podido ocurrir, o que haya podido suceder a mi alrededor, para nada. Para mí la fuente de inspiración de un tema que esté haciendo son precisamente muchas otras canciones, micropartículas musicales que se acaban juntando para hacer un edificio que tiene algo de todas ellas y nada al mismo tiempo. Tengo mucha suerte, el encierro me ha pillado cuando llevaba una racha en la que me estaban saliendo tonadas después casi dos años y ahora tengo tiempo de concretarlas y de hacer otras nuevas. ¡Voy a salir de esta con material para otro disco!

Tras ducharme, otra buena noticia: recibo foto de mi hijo Javier y otros amigos suyos, todos con mascarilla, dentro de un autobús vacío que les lleva de Florencia a Roma. Es estudiante de Erasmus y le ha pillado toda esta movida allí en Italia, para cuando la cosa se puso más fea allá se encontró con que cerraban el espacio aéreo. Hace dos o tres días le llamaron del consulado y por fin van a poder coger un ferry hasta Barcelona. De allí se tienen que ir todos juntos a una casa a pasar dos semanas de cuarentena por provenir de Italia, pero da igual, yo quería que estuviese ya aquí y me da más seguridad tenerlo en este caso Valencia a que esté por allí con lo mal que hablan del sistema sanitario italiano, ¿no?

Repaso algunas ideas antiguas que dejé inacabadas y me encuentro con algunas de interés (¡bien!) hasta que de pronto me tropiezo con una preciosa versión acústica, una referencia a piano y batería de una canción que grabé hace muchos años –“Las palabras solo son palabras” se llama- y de la que sospecho nunca conseguí sacarle todo el partido. “¡Me gusta más así”, dice Gema. Ay, no siempre se acierta a la hora de grabar. Pero esto me da una idea, resulta que estoy subiendo un video diario para mis seguidores en YouTube contándoles historias y peripecias varias sobre algunas de mis canciones y tengo una sorpresa para ellos hoy, voy a cantarles este tema con esta bonita referencia que he hallado y se van a quedar de piedra. Sigo rebuscando en la antigua grabadora de mini disc que utilizaba años ha y me da un vuelco el corazón: ¡acabo de encontrar la voz que mi hijo Javier grabó para esta misma canción hace 14 años! Es solo su vocecilla exclamando «¡música!”, la utilizamos entonces a modo de sampler y pensaba que se me había perdido. Qué bien, en cuanto llegue mi hijo se la estoy poniendo, pronto estará con nosotros.

Definitivamente The Kinks tenían razón: “today it’s gonna be a good day.”

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