Una romería con sabor

Malagueños y turistas acompañan al abanderado de la ciudad hasta la basílica de la Victoria.

El líder de Danza Invisible, Javier Ojeda, dejó ayer los micrófonos para convertirse en el abanderado de la ciudad. El cantante fue el principal protagonista de la romería popular a la basílica de la Victoria. A los miles de malagueños que participaron en este popular acto se sumó una nutrida representación de turistas, que no perdió detalle de cuanto sucedió en recorrido hasta la sede de la Patrona de Málaga.

A las once de la mañana una gran cantidad de personas se congregó en la puerta del Ayuntamiento para ver los enganches de caballos y esperar la salida de la comitiva, que se caracterizaba por el colorido y la vistosidad de caballistas y equinos.

«Estoy un poco nervioso, aunque ahora cuando baje va a ser peor, ya que estoy empezando a comprender la magnitud del acontecimiento», aseguró Ojeda minutos antes del comienzo de la romería. Precisó que se sentía muy orgulloso del cometido que se le había encargado. «Me encanta Málaga, con todos sus defectos y sus virtudes», precisó. «Creo que voy a pasar un poco de mal rato, porque soy una persona bastante vergonzosa. La vergüenza desaparece encima de los escenarios. No obstante, el día de hoy lo voy a recordar con mucho cariño», subrayó.

Vivas a la ciudad
Cuando llegó el momento de salir a un escenario diferente a los de siempre, Javier Ojeda tomó la bandera de la ciudad de la mano del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, acompañado por los gritos de los presentes, que a coro dijeron: «¡Viva Málaga y su feria!» El Himno de Andalucía animó a cantar con el protagonista del día. Tras un baile por malagueñas, el posado de la comitiva municipal junto a los miembros de la Hermandad de la Victoria, en las escaleras del Ayuntamiento, arrancó la romería.

Lunares y abanicos
Colores y lunares, en vestidos y abanicos, se mezclaron con el enganche que llevaba a Javier Ojeda, Francisco de la Torre, Rafael Prado, presidente del Centro Histórico, y Miguel Briones, delegado del área de Cultura. Tras ellos fueron directivos de la Hermandad de la Victoria.

No faltaron las cámaras fotográficas en la mano para filmar el discurrir del recorrido. Tanto los malagueños como los turistas disfrutaron de la mañana y del folclore popular que caracteriza a la romería. El fuerte calor no impidió que se vivieran momentos muy emotivos. Las calles por donde pasó la comitiva estaban llenas de público.

Así, la plaza de la Marina se inundó de expectación y ánimos para el abanderado, que ondeó la enseña de la ciudad en este enclave neurálgico de Málaga. Todos querían hacerse fotos con el cantante de Danza Invisible. La bandera se izó a los sones del Himno de Andalucía. A continuación, se interpretó el Himno Nacional. No faltaron los verdiales, que dieron un toque de tradición a la fiesta. Actuó la panda de la Peña de la Paz.

El recorrido hasta la Victoria estuvo amenizado por un tamborilero y por el mestizaje artístico en plena calle, con actuaciones de la academia de baile Pasión Gitana y el coro Alcazaba.

Cuando la romería casi llegaba a su fin y se iba acercando a la basílica y real santuario, el abanderado fue recibido con los repiques de las campanas del templo.

La misa en la sede de la Patrona de los malagueños se inició con un templo abarrotado de público y el característico olor a incienso. El coro rociero Aire Andaluz, dirigido por Isabel López, amenizó el acto litúrgico con canciones llenas de sentimiento.

Al final de la misa, dirigentes de la Hermandad de la Victoria entregaron la medalla corporativa a Javier Ojeda. Posteriormente se produjo la ofrenda floral a la Virgen de la Victoria de la mano de Javier Ojeda.

Una vez acabado el acto religioso, el cantante de Danza Invisible suspiró con alegría y emoción. Con una sonrisa en los labios manifestó: «No ha sido tan duro como esperaba; ha sido una experiencia muy bonita que nunca olvidaré. Estoy todavía en las nubes».

La romería fue el pistoletazo de salida a la feria de día. La brillantez y la emotividad de este acto se fundieron con las ganas de diversión de las decenas de miles de personas que acudieron al Centro para empezar los festejos con alegría y pasar unas horas en buena compañía. La vistosidad de los enganches de caballos dio un toque de sabor a la romería. Los caballistas, enfundados en trajes de corto, y las mujeres vestidas de flamenca, se adueñaron de las calles por donde discurrió la comitiva. Como manifestó Javier Ojeda: fue un día para no olvidar. A buen seguro que el cantante lo mantiene siempre en su memoria.

 

(Publicado en Diario Sur)

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