Javier Ojeda / Músico: «Si sigo haciendo discos es porque soy feliz grabándolos»

Foto: Javier Ojeda (Málaga, 1964). / JAVIER ALBIÑANA

En el seno de Danza InvisibleJavier Ojeda (Málaga, 1964) contribuyó a engrandecer el repertorio de la música popular española en los años 80 y 90 y, de paso, a descentralizar el mapa del rock nacional que la Movida había focalizado en Madrid. Su inquietud le llevó a debutar en solitario en 2006 con el álbum Polo Sur sin abandonar las filas de su grupo, una dedicación que ha seguido combinando con éxito de público y crítica. Su último disco, el recién publicado Decantando, amplía con eficacia su ya colorido abanico sonoro.

Decantando tiene bastante que ver con el alcohol. ¿Las mejores inspiraciones son las más turbias?

-Este proyecto nace de un EP anterior, Días de vino y cosas, que publiqué en 2018 y que a su vez nació de una investigación en torno al vino y la música popular. Tras el lanzamiento seguí encontrando canciones relacionadas con el tema, la mayoría de los años 50, que me apetecía grabar. Pero, llegado el momento, me entró el gusanillo de la composición y quise aportar mi propia cosecha. Entonces llegaron la pandemia y el confinamiento y digamos que las circunstancias se volvieron favorables, así que me encerré a componer. Con todo eso, y tras la selección pertinente, hicimos el disco.

-Por cierto, ¿ha cambiado mucho su manera de componer con los años?

-Ha cambiado en el sentido de que cada vez me cuesta más. Mi forma de componer es extraña, caótica. Me dedico a ensamblar fragmentos: voy buscando letras por un lado y melodías por otro y luego cojo una letra y una melodía de las que tengo guardadas y las junto a ver qué pasa. Si encajan, lo más probable es que lo cambie luego todo, la letra y la música, a veces en su totalidad. A menudo pasa que lo que me parecía una letra estupenda deja de gustarme. No soy un cantautor al uso.

-¿Dedica mucho tiempo a terminar sus canciones?

-Depende. Hay canciones que he compuesto en una mañana y que funcionan muy bien. Pero para acabar otras, en cambio, puedo estar años sin verlo claro. Una de las canciones del último disco, No sé decirte adiós, apareció por primera vez en una maqueta en 2013, en una versión muy distinta de la final. En realidad, nunca sabes muy bien por dónde va a venir la inspiración.

-En cuanto al directo, los temas de Decantando exigen una gran formación detrás, ¿se dará el gusto?

-Qué más quisiera. Hicimos la presentación en Málaga con músicos invitados y con la banda al completo, fue una gran fiesta que grabamos para su futura edición en un nuevo álbum en directo. Haremos algún concierto más así con cambios en el repertorio y con el mismo fin, ya que mi idea es hacerme con veintiocho canciones grabadas para el disco. Pero, por lo demás, haremos la gira con mi quinteto habitual, además de algunos conciertos acústicos. Ten por seguro que si de mí dependiera haría la gira completa a lo grande, con coros y metales, pero mi economía no da para tanto.

-A ver si algún productor se da por aludido.

-Es alucinante subir al escenario con una gran banda. Es tremendo. Mira, James Brown lo explicaba muy bien: cuando le preguntaron su opinión sobre el hip-hop, respondió que respetaba mucho el género pero lamentaba que estos jóvenes de ahora “no supieran divertirse”. Para él era imposible pasárselo bien sin un coro y una buena sección de metales. Y tenía razón.

«LOS MISMOS QUE DECIDÍAN ANTES EN LAS DISCOGRÁFICAS DECIDEN AHORA EN LAS ‘PLAYLISTS’ PROMOCIONADAS»

-¿Y se lo sigue pasando usted igual de bien en el escenario, ya sea en solitario o con Danza Invisible?

-Sí. Disfruto de los conciertos a tutiplén. Ahora bien, en mi caso, la confianza es un grado. He llegado a disfrutar porque he aprendido a confiar en mí mismo, a aceptarme. Sé que poca gente me cree cuando digo esto, pero soy muy tímido.

-Es que, viéndole en directo, nadie lo diría.

-Mira, poco antes del verano tuve una reunión con el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. Un compañero se había declarado en huelga de hambre ante la imposibilidad de dar conciertos y le pedí una reunión con otros músicos de la ciudad para exponerle las demandas del sector. Pues bien, la noche antes de la reunión no pude pegar ojo. Me comían los nervios.

-¿Y cómo fue?

-Muy bien. De hecho, tuvimos dos reuniones más y sacamos un plan municipal para el apoyo a la música en directo con una inversión de 200.000 euros. De hecho, los ciclos de conciertos que se están haciendo este verano en los distritos forman parte de ese plan.

-En cuanto a los discos, ¿tiene sentido seguir haciéndolos?

-Para mí sí, principalmente porque soy muy feliz grabándolos. Es verdad que cuesta mucho lograr que se oigan después en cualquier sitio. Y que sería razonable preguntar para qué hace discos un músico que, como yo, ha dejado atrás su momento de mayor popularidad. Pero lo cierto es que sigo teniendo ideas, además muchas. Y que disfruto convirtiéndolas en discos.

-¿El hecho de que sea más fácil hoy grabar un disco compensa que sea más difícil promocionarlo?

-Bueno, grabar un disco hoy puede ser más fácil, pero la exigencia tiene que ser la misma. En cuanto a la promoción, casi siempre te encuentras que las páginas especializadas en las que tu disco podría tener hueco vienen esponsorizadas, y que la selección que se hace esas páginas obedece a las exigencias de esos patrocinios. Es decir, que los mismos que decidían antes en la discográficas deciden ahora en las playlists promocionadas. Es lo que hay.

(Pablo Bujalance para Diario de Sevilla).

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