La Costa del Sol cumple 60 años

El litoral malagueño ha sido un foco de libertad, incluso en los años más duros de la dictadura

Foto 1: Gala, la mujer de Dalí, fue la primera mujer en hacer «top-less» en la playa 

Fue en la antesala de los años 30 cuando la «Costa del Sol» ahondó en las opciones de ocio para sus vecinos. Pese a que la Guerra Civil lo interrumpió todo, ya dentro de la década comenzaron a llegar los primeros ilustres a la provincia de Málaga. Así lo narra Juan de Dios Mellado en «Historia de la Costa del Sol». El periodista cuenta como Luis Cernuda fue uno de los primeros vips en arribar para alojarse en la Residencia Santa Clara en Torremolinos. Eran los primeros años del Franquismo, pero en Málaga había soplos de libertad. El destape se asomaba a las playas de Torremolinos cuando Gala Éluard, esposa de Salvador Dalí, pasó a la historia de la Costa del Sol por ser la primera en hacer «top-less» en la zona. La pareja se encontraba de vacaciones con Manuel Altolaguirre Emilio Prados en la ciudad.

En ese tiempo (1934), Carlota Alessandri adquirió un cortijo por 100.000 pesetas a un torero para convertirlo en un parador. La leyenda cuenta que el vendedor preguntó qué iba a sembrar en aquel paraje y ella contestó: «sembraré turistas». No atisbó que con el visitante llegaba también otra forma de pensar y de concebir el mundo. Una nueva era que explotó en los años 50, tras una década de los 40 en la que el país lamía las heridas de una guerra y miraba con preocupación a Europa. Fue con la llegada de Grace KellyAva GardnerMarlon BrandoOrson WellesBrigitte Bardot Frank Sinatra cuando el mundo miró a Málaga. Aupados por lugares como el Marbella Club Hotel, fundado en 1954 por el Príncipe Alfonso von Hohenlohe, o el hotel Pez Espada de Torremolinos en 1959.

Foto 2: Brigitte Bardot, Gunther Sachs y Alfonso Hohenlohe

Los pequeños pueblos pesqueros de litoral viraron hacia el turismo. Las portadas de medio mundo se llenaron con las fiestas de la aristocracia y los ricos de medio mundo en Marbella. «Aquí, en Málaga, parece que han inventado la luz», dejaba escrito el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, en abril de 1968. Se había hospedado en el callejón del Miramar, en la residencia del pintor y escritor mexicano Felipe Orlando. Fue el momento en el que «Gabo» revisó la traducción al inglés de su obra «Cien años de soledad» -según el archivo del Gran Hotel Miramar-.

Y los 70 fueron la revolución. Los «años de oro» construyeron el mejor destino de España. El «papel cuché» retrataba la farándula nacional. Torremolinos era germen de la libertad, como retrata Juan de Dios Mellado, los tablaos flamencos y las discotecas eran el punto de encuentro, en el que se pinchaban los primeros hits de música negra -relata Javier Ojeda, líder de Danza Invisible, en «Una historia del pop malagueño»-.

La Tanke y sus chicas dominaban las noches travestidas de Marbella desde La Polaca y aparecieron los biquinis a todo color, las primeras vespas, los Fiat 600 y las suecas con sus minifaldas. Eran noches de desenfreno en el pasaje Begoña de Torremolinos, lugar de encuentro para gays en un ambiente máximo de libertad. La revolución sexual, que sufrió su mayor golpe el 25 de junio de 1971, cuando el Franquismo cerró algunos de los locales más emblemáticos en «la gran redada» por ir «en contra de las buenas costumbres». El golpe no paró la transgresión y convirtió el lugar en un símbolo que perdura en nuestros días.

La Marbella de oro no tardó en deslumbrar todo. Era una cumbre estival de la aristocracia y el glamour.

Turismo árabe

A finales de los 70 se consolida como capital del turismo de lujo con Norberto GoizuetaMonseñor Bocanegra Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey, como algunos de sus principales cimentadores. Así también transcurrieron los 80. Con los yates árabes anclados en el litoral de Marbella con fiestas interminables, que contradecían los preceptos sagrados del Corán. Se podía ver a Elisabeth Taylor tomar el sol en la cubierta del «Nabila», buque insignia de la flota de la época, propiedad del traficante de armas saudí Adnan Khashoggi. Eran árabes rodeados de mujeres destapadas y brindando con champán.

Foto 3: Jesús Gil con su caballo «Imperioso»

La Costa del Sol entraba en todos los hogares de España en 1981 con «Verano Azul». La muerte de Chanquete la lloró toda España desde el «Balcón de Europa», denominado así por el Rey Alfonso XIII en 1885. Y en 1991 Jesús Gil se hizo «califa de Marbella». La ciudad navega en la cresta de ola viendo a Diana de Gales hacer «top-less» en Incosol en 1994, fotos exclusivas que costaron 1,2 millones de euros a la revista «Hola». El brillo de las estrellas solo tapa los años más oscuros del destino. Década turbia dedicada al saqueo y refugio de delincuentes. Era conocida como la «Costa del Crimen», porque los criminales gozaban de libertad de movimientos.

Desde entonces, sobre todo Marbella, trata de recuperar el glamour. Han vuelto las grandes galas benéficas, como Global Gift con Eva Longoria como madrina de ceremonias. Starlite llena las noches de estrellas y, en su rama filantrópica, el mayor prescriptor de Málaga, Antonio Banderas, recauda fondos. La capital camina para ser un paraíso cultural y ya ha sido denominada «capital de los museos» por el ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. Todo trata de remontar. Los empresarios adaptan sus ofertas para los millones de turistas que buscan la esencia de ese pasado libre. Las estrellas Michelín iluminan la concina con Dani García a la cabeza y Robert de Niro se fija en la zona para invertir. La Costa del Sol vuelve a ser referente turístico internacional con un sector que mueve millones de euros y crea miles de puestos de trabajo prescribiendo libertad.

(Artículo de J.J. Madueño paea abcdesevilla.es)

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