Los galácticos

Ando haciendo limpieza por casa, y trasteando en busca de objetos para tirar me he encontrado con una viejísima libreta de tiempos del instituto que me ha parecido enternecedora: en las hojas traseras de los apuntes de ciencias había un montón de bandas ficticias formadas con los mejores músicos, supergrupos galácticos con los que me dedicaba a soñar mientras, presumiblemente, las explicaciones de mi profe me la traían floja. Eso me ha recordado mis comienzos como aficionado, cuando escuchando el “Led Zeppelín 2” me dedicaba a ensayar posturitas imitando a Jimmy Page, fingiendo espasmos al son de la batería de John Bonham, poniendo gesto cool mientras seguía las líneas de bajo de John Paul Jones. Aunque mi verdadero debut oficial en la música fue unos años antes, concretamente a la tierna edad de 11 o 12 años, cuando mis amigos del cole me hicieron salir a cantar en clase de inglés mi primera canción favorita, el “Say it ain’t so” de Murray Head, provocando la admiración del profesor por mi correcto acento. Repelente que era uno.
Si hay algo bonito en la profesión de músico es que es como prolongar indefinidamente (aunque sea en la cabeza) la adolescencia, el tiempo de los sueños, de las ilusiones, los polvos maravillosos, la rebeldía como sistema. Yo, cuando entré en Danza Invisible estaba como jugando, y en cierta forma sigo haciéndolo, ¡no en vano trabajo mientras el resto de la gente está de fiesta!
Pero ya no juego desde luego a imaginar bandas formadas por los mejores músicos. Me pongo a pensar y digo: ¿qué ocurriría si tuviese una base rítmica formada por Dennis Chambers y Rob Wasserman? ¡Cómo sonarían mis temas! ¿Y con Stevie a la armónica, Prince y Bill Frisell a las guitarras? Guau, combinación explosiva. Podíamos añadir al gran Michael McDonald a los coros también, más algún mago del estudio tipo Nigel Godrich para dar forma al asunto. ¿Qué obtendríamos?
Pues seguramente una mierda, aparte de ser irrealizable, claro está. Esto es como el fútbol, mira si no lo que le pasa a los “galácticos” del Madrid cuando los animosos chicos del Recre le endosan tres chicharitos para que se vayan contentos de vacaciones. El mejor equipo es siempre una combinación de estilistas con fajadores, contando siempre con la importancia fundamental del cariño, la compenetración, la ilusión conjunta. Aparte de los ya conocidos Danza (los imprescindibles Chris, Manolo y Antonio) en mis directos en solitario me acompañan Rafa, Paula, Axier, Alejandro e Isaac, todos colegas y buena gente. Empezamos a sonar.

Artículo publicado en adn Málaga el 8-febrero-2007

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