Money (that’s what I want)

Inconscientemente, uno de los deseos que formulo para este nuevo año es de que me vaya bien económicamente. Sí, ganar más pasta. Y es que recapacito y me doy cuenta de que me gusta tener dinero y no me importaría en absoluto contar con más. Imaginaos que guay entrar con poderío en, por poner un ejemplo, una tienda de ropa alucinante y mega-cara e ir escogiendo trapillos mirando a los pijos por encima del hombro, ayudado por supuesto por una asesora convenientemente contratada para estas minucias. O poder organizar fiestas a lo Gatsby, con coctelero personal y comida encargada al sitio que me plazca. Ay, sí, he de reconocer que cuando mi cuenta corriente se resiente no vivo contento y esto me provoca zozobra. En resumidas cuentas, soy un capitalista de mierda y no estoy acostumbrado ni me gusta vivir en el alambre.

Atención, he dicho que soy un capitalista de mierda pero no un mierda. Porque el valor fundamental que mueve mis pasos es la integridad, el buen rollo, ser consecuente y justo para mí es importantísimo. Está muy chulo eso de tener guita pero no a cualquier precio y eso me consuela, sé que nunca voy a acabar como ciertos políticos o personajes de los que campan últimamente por nuestros televisores. Disfruto cuando mi gremio halaga mi honestidad y me siento fatal cuando no puedo pagar a la gente lo que creo que se merece. De hecho, sí por mi fuera montaría una big band para dar trabajo a todos mis amigos músicos y disfrutar de una gira en autobús con sus coristas, su sección de metales, tres percusionistas, qué sé yo… ¡Pero que divertido sería un mogollón de ese tipo, con lo que me gustan a mí los mogollones y valga la redundancia! En el fondo creo que soy un epicúreo de esos, alguien que valora el arte, la amistad, la paz, la compasión  y los goces carnales por encima de todas las cosas, incluyendo el dinero.

Bueno, no soy un mal tío pero tampoco soy uno de súper putísima madre, la verdad. Igual que mi espíritu se conforta cuando afloran mis virtudes, he de reconocer que he conocido a gente mucho más noble que yo. Son tipos como mi amigo Migueli el «anarquista cristiano», capaz de abandonar el confort para irse a la selva de Brasil con su guitarra a ayudar a una tribu amazónica en apuros tras leer un artículo en El País hablando de su desesperadísima situación. O mis conocidos de Lorca, que han hecho que este año visite tres veces la localidad en agradecimiento a lo que para mí significó poco más de 10 minutos de grabación y un par de horas de videoclip en el tema benéfico «Volveré». Esos tíos acostumbrados a regalar cosas sin cesar, los generosos de corazón que no miden el balance entre «dar» y «recibir». La verdad es que estaría muy bien que hubiese más como ellos, ¿por qué demonios hay «malos» y «buenos»? Ya me pongo metafísico y me da por preguntarme que extraño fenómeno celeste hace que un tipo o tipa salga de una manera o de otra. ¿Y por qué la vida no es justa y premia muchas veces a los artistas mierdosos y no a los auténticos? Etc., etc.

Salud y pesetas, qué mejor receta para despegar a otro planeta donde respirar… acertadísimas palabras de Antonio de la Rosa, una de esas personas que representan el BIEN. El tipo más íntegro que he conocido y al que van dedicadas estas líneas de nuestro Boletín de La Paz de Año Nuevo.

 

(Artículo publicado en el Boletín de La Paz del 1-1-2014).

 

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