Mr. Falso

Cuando era adolescente mis padres decidieron mandarme, contra mi voluntad, a un colegio de pago. Yo por entonces era medio mod (porque mis amigos lo eran ), y mi manera de sentirme distinto a esos pijos era vestirme con chaquetas y corbatas de mi abuelo. Eso hasta que un día un circulo de cabecillas del colegio, liderados por un melenilla al que denominaremos Mr. Falso, decidieron darme un escarmiento por atreverme a presentarme a su zona de tal guisa. En vista que sus mofas diarias no surtían efecto me sometieron a una agarrada colectiva en la que me destrozaron traje y corbata. Indignado, fui a quejarme a la directora del centro, que me respondió algo tan inaceptable como: “¡Si no vinieses con esas pintas!”.
A esas edades los amigos son lo más importante que te rodea. Recuerdo que, vestidos en plan punky, se presentaron al colegio dispuestos a zurrarle al que hiciera falta, lo que me provocó, sinceramente, cierto nerviosismo y al mismo tiempo un gran orgullo. Como consecuencia, poco a poco comencé a hacer piardas y a aparecer ¡por el instituto donde siguieron los estudios la mayoría de mis antiguos compañeros! Un estudiante modelo se había convertido en un chico problemático.
En fin, vengo a recordar esto ahora sin ningún tipo de acritud, al contrario, porque estos imbéciles me fortalecieron en mi rebeldía, me ayudaron a saber qué es lo que no quería ser y ayudaron a que mis pasos apuntasen a la música. Años más tarde yo era ya un chavalín bacilón que se ponía morado de tó, que tenía un grupo, que viajaba, ligaba, y era como lo más chic del momento en mi ciudad. Mis pintas seguían siendo un cante, pero ahora estaba encima de un escenario mientras la gente me aplaudía o me vituperaba; hay que pensar que veníamos de la época hippie del rock andaluz. Poco a poco, la modernidad que trajo consigo la llamada movida hizo que la gente se fuese acostumbrando a las vestimentas estrafalarias, a la provocación, al mirar a Londres o New York como manera de escapar de la España cerril del pasado. Ya por el 86, empezando a despuntar, en una actuación en Málaga, ¿a quién descubro entre el público? ¡A Mr. Falso! ¡E iba vestido de oscuro, como nosotros, e incluso llevaba corbata! A una breve seña que me hizo contesté con una “v” de victoria, como queriendo decir: tío, gracias a ti y a los de tu calaña por enseñarme a saber lo que NO QUIERO SER.

Artículo publicado en ADN Málaga el 19-10-06

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