Música casual

Ha sido una de las noticias de las últimas semanas: inopinadamente, una reedición de los dos discos que publicaron los Traveling Wilburys ha llegado a nº1 de ventas en el Reino Unido. Si a esto le sumamos que el último disco de Dylan también llegó a lo alto de las listas en los USA, la cosa nos da que pensar. ¿Falta de nueva savia? ¿Hartazgo de sonidos “modernos” que hace echar la vista atrás en búsqueda de valores de toda la vida? Sería fácil llegar a esa conclusión, pero yo creo que la cosa va por otro lado. Ya dije una vez en estas páginas que hacía tiempo que no escuchaba tantos nuevos talentos en el rock, sin que eso nos lleve a posiciones peregrinas del tipo “claro, ahora que la música es gratis todo se ha democratizado y existe una verdadera explosión de creatividad”. Nada que ver, por Dios, España es el país que más piratea de Europa y también, posiblemente, uno de los que peores músicas consume. Se trata, más bien, de que el CD como soporte musical cada vez va más en retroceso, y son precisamente los consumidores de más edad los que siguen aferrados al formato. La gente joven ya tiende a escuchar la música en los iPod, que priorizan la canción como unidad, y raramente adquieren (legal o ilegalmente) álbumes enteros.

Bien, hecha esta exposición capullesca en la que demuestro lo listo que soy y lo bien que razono, paso a contarles lo contento que estoy por lo de los Traveling Wilburys. Ya saben, esa reunión de viejas glorias (George Harrison, Bob Dylan, Roy Orbison, Jeff Lynne y el más joven, Tom Petty) que a finales de los 80 decidieron aparcar temporalmente sus proyectos individuales para juntarse durante unas semanas a componer alejados de cualquier tipo de presión; algo parecido a lo que aquí han hecho recientemente los chicos del G-5. La historia es simple: Lynne (líder de la ELO) estaba produciendo los nuevos discos de Harrison y Orbison y les sugirió hacer algo juntos. Harrison llamó a su colega Dylan, que una vez en el estudio decidió sumarse a la fiesta. Petty había estado acompañándolo en directo, y tenía interés en ver cómo trabajaba Lynne como productor, así que pasó por allí y…

El resultado fue el disco “Vol.1”, cuya publicación desgraciadamente coincidió con el fallecimiento del gran Roy Orbison. Recuerdo que cuando me compré el disco allá por el 91 me defraudó un tanto, acaso por el aire “poco importante” de las canciones. Pero, ay, hace dos años lo recaté del rincón de mis discos “castigados” y pude apreciarlo como es: un trabajo con el encanto de las cosas artesanas que se hacen sin ningún tipo de pretensión. Música sencilla hecha por un puñado de borrachines dispuestos a pasar un buen rato. Y a hacérnoslo pasar, añado.

 

 

Artículo publicado en ADN Málaga el 28-06-07.