“POLO SUR”, el “tercer” proyecto en solitario de Javier Ojeda

¿Extrañados ante el encabezamiento? Para los que no me conocen de cerca, es normal que les choque lo de “tercer”, sobre todo teniendo en cuenta que, a efectos discográficos, efectivamente, “Polo Sur” es mi primer álbum. ¿Qué pasa entonces? Pues no se preocupen, que como diría Machín, aquí va mi explicación.

Creo es de muchos conocido que hace ya bastante tiempo deseaba emprender un experimento en compañía de otros músicos distintos de Danza Invisible. No por ansias de fama o popularidad (Dios me libre, ¡a estas alturas!) o porque lo quiera todo para mi o cualquier otro motivo igual de pedestre, sino por algo tan simple como curiosidad musical, ganas de probar resultados con otros músicos, vivir experiencias distintas, en definitiva, enriquecerme como artista, aunque pueda sonar pedante. Son ya muchísimos años junto a mis compañeros de Danza Invisible, seguramente una de las mejores bandas en directo del país –lo digo con todo el orgullo- y a ciertas alturas de una carrera hay que buscar nuevos retos para huir del tedio que puede suponer una trayectoria tan longeva como la nuestra. Así lo entendió Antonio L. Gil, guitarra de la banda, tras la grabación de “En equilibrio” (1998) al formar el proyecto paralelo La Carmen, con los que al año siguiente publica el álbum “Qué”. Es éste el momento en que, aprovechando el momentáneo impasse del grupo (Antonio es el que aporta la mayor parte de las bases musicales) me decido a preparar algo en compañía de un viejo amigo: Agustín Ansorena, el que fuera guitarrista de los Mosquitos y muchas otras bandas de la escena malagueña. Así que aquí se puede dar por iniciado el

PRIMER PROYECTO. El planteamiento base es ¿qué me apetece hacer que no pueda realizar con Danza? Lo tengo claro: un disco acústico, básico, desnudo, con una instrumentación mínima que permita resaltar la interpretación vocal. En términos de instrumentación, casi nada: todo voz y guitarra o voz y piano; más algún adornito en algún tema de percusión o un saxo. El repertorio estaba pensado como una especie de continuación básica de “En equilibrio”, a saber, un disco de unas 6 versiones escogidas de algunos de mis cantantes fetiche más unas 4 composiciones originales hechas en comandita con Agustín y Antonio de la Rosa a los textos. De hecho, llegamos a grabar una maqueta (con la inestimable ayuda de Manolo Danza, a eso se le llama compañerismo) que no convenció mucho a DRO, que no parecía interesada en aquel entonces en otro proyecto alternativo de cualquier otro “dancero”, más cuando el disco anterior había funcionado bastante bien y querían aprovechar para lanzar un recopilatorio. Así que, sin ninguna acritud, archivo este repertorio y concentro mis esfuerzos en el siguiente trabajo del grupo, el que iba a ser “Efectos personales”, sin olvidar el paréntesis de “Un trabajo muy duro-Grandes éxitos”. Los que asistieron a mi debut como solista en diciembre del 2000 en la sala Romero Esteo (Málaga) y las demás actuaciones sueltas de ese invierno pudieron vislumbrar algo de ese proyecto perdido, del que “Polo Sur” rescata “Cuestión de fe” y “Emborráchame de amor”.

SEGUNDO PROYECTO. Esto es ya algo más conocido, al menos por los seguidores de Danza, y podría denominarse “etapa Tercer Mundo”. “Efectos personales” había sido un gran fracaso de ventas y, sobre todo, una tremenda decepción para la banda, que tenía depositadas muchas esperanzas en canciones como “Pero ahora…”. Yo, por otro lado, había conseguido quitarme ese mal sabor de boca con la experiencia de aquellas actuaciones antes mencionadas, uno de esos pequeños placeres intelectuales que llenan la vida del músico, más allá de los oropeles del éxito y el reconocimiento masivos. Así que, al invierno siguiente, lo tenía claro: iba a formar una nueva banda para ir dando salida a los temas que fuese componiendo, cosa que por la peculiar idiosincrasia de Danza cuesta mucho hacer. Y esta vez lo tenía claro: era el momento de grabar un disco solo. Había empezado a trabajar con otros compositores como Isaac Aguilera (Leit Motiv, Domestic) o el chileno Ricardo Santander, y andaba entusiasmado con los resultados. La banda que se formó (el Tercer Mundo) era un grupo de músicos con experiencia en música latina, jazz o flamenco, nada que ver con el estilo de Danza, justo lo que yo quería. ¿Para qué hacer lo mismo, no?
Esta ha sido una bonita etapa que duró hasta el 2003, en la que hemos tocado en garitos pequeños, teatros, etc., compartiendo risas y experiencias que me hacían recordar mis inicios en la música. Probando distintas versiones, presentando composiciones recientes, arriesgando sin apenas interpretar ningún tema de Danza. Maquetando al mismo tiempo nuevas canciones que DRO va recibiendo sin decidir nada claro, aduciendo demasiada diversidad de estilos, pero reconociendo la gran calidad de algunos temas. Al fin, Alfonso Pérez, director artístico, me propone tras una reunión en Madrid concentrar todos los esfuerzos míos y de Antonio (que andaba preparando el segundo álbum de La Carmen) en la preparación de un nuevo trabajo de Danza Invisible que sirva definitivamente para poner a la banda donde se merece. Se trata simplemente de coger material de ambos y completarlo con temas conjuntos de nueva camada, y tras este disco, con el grupo arriba, se pueden plantear experiencias individuales con los medios y el público mucho más a favor.
El argumento parecía lógico. De hecho, la relación de los componentes seguía siendo magnífica, había muchos temas de donde escoger y la pinta era de que podía salir algo parecido a aquel “A tu alcance” de 1988. La selección de temas la realizaría DRO en su mayoría, por aquello de evitar conflictos tontos tipo “esta es tuya y esta es mía” que nos distraigan del objetivo común: que Danza vuelva a estar arriba.
El resto de la historia de este proyecto ya es conocido por los buenos seguidores “invisibles”. Se publica “Pura Danza”, disco del que estoy francamente orgulloso, y al que sólo se puede achacar el ser eso, una recopilación de material y no un proyecto definido. No en vano recurrimos a algunos músicos del Tercer Mundo para instrumentar algunos temas que se apartaban del sonido clásico del grupo; y todo, insisto, con el mejor rollo del mundo, que ya somos mayorcitos, ¿no? Lo que pasa es que las cosas no siempre salen como uno desea, y lamentablemente “Pura Danza” pasa algo desapercibido, a pesar de todos nuestros esfuerzos (aunque reactiva bastante la contratación de galas, lo cual no deja de ser un punto). Una lástima. “Frío en mi corazón”, “Caudal”, “Vértigo”, “Las reglas del juego” y la versión de “Amándote” son realmente temas de este segundo proyecto instrumentados por Danza Invisible. Y el final del ciclo llega cuando varios de los “tercermundistas” entran a formar parte de Chambao, con mucha pena por mi parte, pero también mucha alegría de que las cosas les vayan bien. Está claro que se impone un cambio de timón.

TERCER PROYECTO: DE LA SEGUNDA ETAPA DEL TERCER MUNDO A “POLO SUR”. En música, como en cualquier aspecto de la vida, no vale la pena echar la vista atrás y lamentarse por lo que pudiera haber sido y no fue. Así que desde los dos últimos años y medio he hecho un montón de cosas, sin perder de vista las giras con Danza: una nueva formación del Tercer Mundo –fantástica, a mi modesto parecer- con la que he seguido tocando en recintos pequeños manteniendo la filosofía del inicio, es decir, alternar versiones con temas de nueva cosecha; pero cuando ya el teclista Toni Romero ha tenido que dejar el grupo para integrarse en ¡Chambao! no ha tenido ya sentido continuar con la banda. He seguido componiendo canciones con Isaac Aguilera, Agustín Ansorena, Javi Caffarena y algunos excomponentes del T.M. He colaborado con Carlos Segarra, Migueli, Javi Heras, la Sinfónica de Málaga, Efecto Mariposa, etc. Y he llegado a la conclusión de que los nuevos tiempos de la industria del disco obligan a tomar decisiones drásticas. Así que, tras haber maquetado unos 22 temas nuevos, con la ayuda inestimable de Isaac Aguilera y Miguel Paredes (Caradefuego, productor de Efecto Mariposa), me lanzo de cabeza a la piscina para hacer el disco a mi manera, contando a la producción con Nacho Serrano (ex Niños del Brasil), peso pesado del house español al que había conocido por medio de un amigo común al intervenir en un disco colectivo producido por él para la Junta de Aragón (“Natural de Aragón”, de regalo con el Heraldo de Aragón). A Nacho le habían encantado las maquetas y pensaba que, apartando los temas más “Danza”, se podría hacer un disco muy interesante; fácil de vender a cualquier compañía. Y así emprendemos la grabación a finales del año pasado.

Aquí conviene hacer un aparte para explicar cuál ha sido el planteamiento del disco. Por un lado se hizo una selección de canciones entre Nacho, Manuel Notario (mi manager e inversor del proyecto) y un servidor. Por una vez se intenta una coherencia conceptual, más allá de buscar el hit porque sí, aunque sea a costa de dejar fuera algún tema destacable. No pasa nada, hay más discos, más proyectos, ¿verdad? La idea es recoger algunas de mis primeras influencias (Bryan Ferry, David Bowie, los crooners rockeros en general) y volverlas al presente, sin intentar estériles ejercicios de nostalgia. Para ello a Nacho se le ocurre la idea de hacer una especie de “maqueta de las maquetas” con Joaquín Cardiel, ex-Héroes del Silencio. La ocurrencia no es tan descabellada: a él (Nacho), como fan de los Danza del principio que es, le obsesionaba la idea de recuperar ese sonido, y no hay que olvidar que a los Héroes, cuando empezaban, siempre les comparaban con nosotros. El experimento ha sido interesante, porque Joaquín llevaba años sin tocar y eso lo convierte en una especie de bluesman de los 80, porque mantiene incólume la esencia de ese sonido a lo Cure, New Order, etc. El toque más contemporáneo ha sido aportado por I. Aguilera y M. Paredes, más la experiencia electrónica de Nacho. Eso, juntado con mi temperamento inequívocamente teatral y sureño, ha dado como resultado esta extraña mezcla de frío y calor que es “Polo Sur”. Un disco mayormente de canciones de amor oscuro, de romanticismo antiguo, de sueños prohibidos, de bellezas negras (con la participación a los textos del Sr. Gris, atentos a su libro “El octavo color”).También de dificultosa gestación (ha habido varios tiras y afloja inevitables; vamos, nunca he querido sonar anticuado sino atemporal), con accidentes hasta físicos antes de su publicación por DRO (Nacho casi se queda en silla de ruedas tras una desafortunada caída) y, creo, rabiosamente personal.
Me encantan las primeras reacciones de sorpresa que está causando. Vale ya de medias tintas, no se puede gustar a todo el mundo, es mejor el “lo amas o lo odias”. ¿Que es muy arriesgado? Hombre, para el lamentable momento musical de la España del momento, donde todo suena igual, sí. Comparado con muchos otros discos que me apasionan, no tanto, en absoluto. ¿Que no se parece mucho a Danza? Pues es lógico, si no hubiese grabado el disco con ellos, ¿no? (Por cierto, es innecesario decir que seguimos, no pienso responder mil veces a la misma pregunta.)

Cuando uno lleva mucho tiempo en el candelero y realmente ama la música, le apetece no encasillarse, seguir buscando nuevos caminos, no repetirse. Ser sincero con su creación es la mejor manera de seguir siendo un músico honesto; o sea, un buen músico, aunque lo que te apetezca hacer se aparte de las tendencias del momento o de lo que se espera de ti. Sin más, bienvenidos a esta web y disfruten de este “Polo Sur”.

P.D.: Me encantaría retomar ese viejo proyecto abortado del disco acústico. Por eso, siempre que las circunstancias y los contratos lo permitan, tengo en mente en el futuro publicar sólo a través de esta web un disco con versiones piano-voz y guitarra-voz de temas tanto de “Polo Sur” como de anteriores discos de Danza, más varios inéditos nunca publicados. Es sólo un sueño, pero…

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