Chucho Valdés y Javier Ojeda, entrevista a dos bandas

Diálogo entre los dos músicos

  • Charla con Chucho Valdés y el cantante malagueño de Danza Invisible, quien cuenta para su próximo disco en solitario con dos temas en los que colabora el universal pianista cubano afincado en la Costa del Sol

Chucho Valdés y Javier Ojeda, en la residencia costasoleña del pianista cubano.

La casa malagueña de Chucho Valdés se destapa, suspendida frente al mar de Benalmádena, como un santuario de la música que tiene hasta estudio de grabación y una galería de fotos en su salón que calla al menos impresionable. «Ahí está hasta Muhammad Ali, yo le di un puño a él. Me tenía miedo. Es broma. También fue pianista. Nos hicimos amigos, porque le gustan los pianos y a mí el boxeo», señala el hijo del mítico Bebo Valdés, mientras le acompaña el cantante Javier Ojeda. El líder de Danza Invisible acaba de grabar allí dos temas para su próximo disco en solitario, un álbum musical sobre la decadencia de Torremolinos, lo que Ojeda llama ahora ‘terror-molinos’, previsto para dentro de medio año. El trago, de Gil Scott-Heron, y la reliquia española Camino verde, de Carmelo Larrea, son las canciones que se unen al repertorio que ambos comenzaron a compartir en un homenaje a Bebo con la Route 66 de Bobby Troup. Para entonces, ya eran amigos. Ojeda empezó pidiéndole que le firmara sus discos de Irakere -tras visitar a Chucho en la casa de Benalmádena en la que se instaló para cuidar de su padre- y ahora se refiere a él como «el maestro», por mucho que el pianista cubano celebre su amistad con el cantante. Cuando Chucho bendice tanta camaradería, Ojeda levita hasta tal punto que habla muchísimo menos de lo que en él es habitual…

Pregunta.-¿Que sabe usted,Chucho, del pop de los 80, con España ya en libertad, en el que fue tan importante Javier Ojeda?

Chucho Valdés.-Yo sé bastante. Mucho antes, en los 60, a Cuba fueron Los Mustang y Los Bravos. Yo toqué conLos Bravos. Tenían un organista que era fantástico. Además, la primera vez que Massiel pisó Cuba, en el Festival de Varadero de 1967, el que la acompañó fui yo. Cuando cantó aquella de ‘Él era mi amigoooo’. Conocí a su padre, que fue quien la llevó, ella estaba muy jovencita. Era su debut en Cuba. Y yo después seguí siempre en lo que podía. Bueno, Raphael, fue antes. Y me gustaba mucho Nino Bravo. Y en los 80 ya empecé a venir aquí. Yo vine la primera vez a España en el año 81. Fue la primera visita mía, vine con mi banda. Los Irakere.

P.-Hablando de aquel grupo, ¿es verdad que sus proyectos más inmediatos están encomendados a una especie de vuelta a Irakere?

Chucho Valdés.-Yo debo aclarar eso. Hay un tributo a Irakere, que cumplió 40 años en 2013. Los jóvenes músicos reconocen la influencia que hubo en ellos, y han querido hacer un tributo tocando la música de Irakere. Lo que yo no quiero es que la gente piense que yo toco en Irakere otra vez. Estoy haciendo un tributo con las nuevas generaciones a lo que fue aquello. Debutamos el año pasado en Barcelona en el Festival de Jazz de allí con un éxito increíble. Y ahora tenemos todos los festivales de jazz de Europa y de los Estados Unidos con todo el proyecto este del tributo a Irakere. Y vamos a grabar un CD y un DVD.

P.-¿Y la semana que viene se vuelve a ir a Estados Unidos con otra cosa? ¿A San Francisco, no?

Chucho Valdés.-El día 21 toco con Michel Camilo y Gonzalo Rubalcaba allí. Porque hay un documental que se llama Playing Lecuona (Tocando a Lecuona), del cual sacaron un disco y ahora tenemos que presentarlo allí los tres pianistas.

(Su mujer y manager, Lorena Salcedo, añade de fondo: «Es el cierre del Festival de San Francisco»)

 

Chucho Valdés, durante el encuentro.

P.-Ella sabe de los bolos mucho más que usted…

Chucho Valdés.-Yo los bolos si los piensos no los hago. Necesito estar desconectado.

Javier Ojeda.-A mi la gente me pregunta a qué hora tienes el concierto del 4 de julio en Málaga y yo no sé qué decirles. Sé que toco el 4 de julio en Málaga y nada más.

P.-Ahora vive aquí ¿Qué le transmite la Cosa del Sol?

Chucho Valdés.-Me representa como un Caribe (risas). ¿Sabe lo que pasa? Que nosotros nacimos en una isla, y dependemos del mar. Psicológicamente tenemos que ver el mar. Es algo inconsciente. El mar nos relaja. Me asomo a la ventana y lo veo. Y el clima de este lugar es perfecto. En principio, nos íbamos a ir a Madrid, pero pasamos por aquí y yo dije de aquí no me muevo.

P.-De hecho, hay quien dice que, en Málaga, la vegetación del Paseo del Parque le recuerda a Cuba…

Chucho Valdés.-Claro. Pero si yo tengo aquí una mata de plátano que da un plátano de Cuba, que no es común, que se llama plátano burro. Porque los burros son más chiquitos que los caballos. Es el plátano más chiquito y más sabroso. Y otra cosa importante son las personas. Aquí me han recibido con mucho cariño. A los dos años, me hicieron hijo favorito.Predilecto como le dicen ustedes. Y sólo se pueden dar las gracias. Mi familia está bien con todo el mundo, la escuela de mi hijo, los músicos…

Javier Ojeda.-Yo, a veces, pienso que los malagueños no somos conscientes de que aquí vive una figura de la talla de él. Que estamos hablando de uno de los ‘grandes-grandes’ de la música. Aquí está mucho el rollo de ‘vive y deja vivir’, que, por otro lado, está muy bien.

P.-Antes de vivir aquí, ya dio conciertos memorables en Málaga como aquel de un Festival de Jazz en el Teatro Cervantes. Hace ya como 15 años…

Javier Ojeda.-Yo aquel concierto lo vi también. Lo vi en un palco. Estaba por encima de Chucho.

Chucho Valdés.-Luego hice otro allí con Concha Buika.

Javier Ojeda.-Que bien canta Buika. Tiene algo especial.

Chucho Valdés.-A mí me encanta. Tiene un gran temperamento. No está aquí en España ahora.

P.-Ya para terminar, ¿cuántas veces se acuerda todos los días de su padre?

Chucho Valdés.-Cada vez que toco el piano.

Javier Ojeda.-Cuenta la anécdota que tienes con eso, Chucho. Pone los vellos de punta.

Chucho Valdés.-La anécdota es que no me vas a creer. Este que está acá era mi piano. Y Papá, Bebo, quería que yo tuviera un piano Steinway de gran cola que es mejor piano. Y un año antes de morir me dijo: ¿por qué no acabas de comprarte ese piano? Papá murió en marzo de 2013, el día 22. Y un año después, en 2014, estaba yo muy triste y recordé que no le había complacido comprándome aquel piano. Dos días después fui a Royal Pianos, que es una casa de aquí que vende muchos pianos y el dueño se llama Carlos. Pregunté por ese piano Steinway de Hamburgo, el mejor modelo de todos ellos. Quiero complacer a mi papá, le dije. Y de los diez que me mostró, elegí uno. Pero él me dijo que era imposible, que estaba vendido, que eligiera otro de los nueve restantes, que eran exactamente iguales. Y yo le dije que si no era ese no compraba ninguno. Finalmente, me dijo que iba a intentar arreglarlo. Y cuando abrió la tapa de ese se le quedó la cara blanca. Como si hubiera visto una serpiente o un ovni. Estaba firmado por mi padre, y él no lo sabía. Bebo tocó con ese piano la última vez que lo hizo en España, en ese concierto conmigo -busca un recorte de periódico enmarcado- pero yo no lo vi firmarlo.

 

(Reportaje de Cristóbal G. Montilla para El Mundo Andalucía).

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