Lo que no me gusta

Siempre que voy de viaje llevo música conmigo. Nada de iPod ni cacharrerías modernas, sigo fiel a mi portátil con mi estuchito de CD’s, ¡con la barbaridad de discos que tengo lo que me faltaba es perder el tiempo pasándolos a otro aparato más actual!

Mi compañero de habitación en las galas es el técnico, Yordani Pineda. Siempre dice que pongo «música muy rara» y la verdad es que no entiendo por qué. A ver, en los últimos viajes he saltado de la electrónica de Pet Shop Boys y Orbital a la salsa de India, del bhangra de Heera y  recopilatorio «Culture Clash» al etno-techno de «Global Sweatbox», también he puesto garage-punk underground (la compilación «Copendium»), música afro-colombiana (Abelardo Carbonó), el rock americano de Yo La Tengo y The Palace Brothers y algo de rock inglés, los Boo Radleys. También he puesto en la furgoneta a Elvis Costello & The Attractions, a Bebo Valdés, a Irakere, a The Edwin Hawkins Singers, a David Bowie. Me jacto de la amplitud de mis gustos musicales y alardeo de mi cultura musical, pero de pronto me da por pensar si no tendré un puntito snob. ¿Puede ser? Pues a las dos cosas digo que no, por un lado no soy masoquista y me llevo lo que me apetece oír, qué diantre, por el otro mi amplitud de gustos musicales no es tan absoluta, claro que hay géneros con los que no comulgo.

Por ejemplo, la copla. Seguro que hay canciones de muchísimo valor y es parte de nuestra historia y bla bla bla, pero oye, no consigo quitarme de encima los prejuicios, siempre acabo sintiéndome un poco ridículo al escucharla. Además es que este estilo no evoluciona nada ¿no? Salvemos a Poveda, a Buika y tantos otros grandes intérpretes actuales que llegan a ella desde otros terrenos, a ellos sí los comprendo.

Tampoco me va nada el metal, ni el thrash, ni el grindcore ni todos esos grupos con nombre tipo «Skeletorrr». Por supuesto en este saco no meto a los Led Zeppelin, el mejor grupo de ROCK DURO (cosa muy distinta) de todos los tiempos. También me parece muy chabacano todo el rock urbano español y el rollito radikal, al que encima veo una alarmante falta de sentido del humor. Lo siento, no encuentro nada sexy esta música que por lo demás mueve pabellones, y la verdad es que añadiré que me gustan muy pocos cantantes de rock nacional. ¡Con lo buenísimos que eran nuestros vocalistas melódicos antiguos!

Puestos a seguir hablando de cosas que no son de mi paladar sonoro tampoco comprendo el techno rayante que ponen en las discotecas, no tengo nada en contra del house pero me temo que aquí lo escogemos en su versión más burda y bakalaera. ¡Y es que yo para ir puesto prefiero otra música, sin duda!

También me parece aburridísima toda la papilla de producciones de OT con todos esos chicos a los que confundo los unos con los otros y que me acaban sonando indefectiblemente a Luis Miguel. Ni las cantantes femeninas de r&b que abusan de los gorgoritos. Ni el flamenquillo barato que arrasa en Canal Fiesta Radio, tan lejos del genuino arte andaluz.

En fin, en general no me gusta nada la música que está en lo más alto de nuestras listas de éxitos, con las consabidas excepciones, como es lógico. Y el caso es que me encantaría, porque no hay nada con lo que goce más que disfrutar de la música en compañía, de hecho cuando estoy en cualquier local y pinchan algo de mi agrado me entusiasmo, no tengo ninguna vocación de outsider, ¿sabéis?

Un ejemplo de grupo que encanta a todo el mundo y a mí no es Queen. Recuerdo que a Ricardo Texidó de Danza Invisible le chiflaban y sin embargo a mí me ponían de los nervios. Con los años he aprendido a apreciar algunas de sus piezas del principio, pero este año me invitaron a ver el musical este que le hicieron y me salí a la mitad con un ataque de bostezos. Y recordé que canciones como «The show must go on» y «We are the champions» me producen tremendo repelús, qué le vamos a hacer. En este saco meto también a U2, por supuesto admito que The Edge es un gran guitarrista, y que incluso tienen algún gran tema, pero me cuesta escuchar a Bono, es como si al cantar siempre estuviese diciendo «soy la polla». O eso me parece a mí. Más cosas que a todo el mundo le vuelven loco y a mí no: Dire Straits, Phil Collins, Sting, AC/DC, Lady Gaga, Lenny Kravitz,  Alicia Keys. De los españoles me abstendré de dar nombres, ustedes me entienden…

Y alguno se preguntará a qué viene esta perorata y con razón. Pues nada, resulta que en los ensayos que vinimos haciendo estos días para el concierto de la Tercera Edad siempre hubo algún músico a quien no le gustaba alguna canción que tú habías seleccionado. A Miguel Paredes, por ejemplo, no le mola en absoluto el tango «Nostalgias». A Antonio Gil de Danza le provoca arcadas «La vida sigue igual» . ¡Y a mí me encantan! Pero me da por pensar que todos los lectores de este «Boletín de La Paz» estáis de una manera o de otra interesados en mi música, mis opiniones y los de mis compañeros de publicación. Y disfruto fantaseando con que pertenecemos a un club privado de gente distinguida, tolerante e interesada por las artes y la cultura en general.

Por eso debemos protegernos y resguardarnos de los chaparrones ante la que nos está cayendo. Viva la música, el vino y la poesía. ¡Salud!

 

(Artículo publicado en el Boletín de La Paz el 01-10-2013).

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