Los Cebolla y El Gran Polvo

Durante estas últimas semanas he tenido mucho menos ajetreo del habitual, por lo que he tenido mucho más tiempo para actividades cotidianas como ver la tele, por ejemplo. Decidido a dejar de ver tertulias y debates políticos, ya que lo único que conseguía era crisparme cada vez más y entrar en el ominoso mundo de la duda (¿a quién votar?, todos tienen algo que me disgusta), la semana pasada me pilló contemplando en Canal Sur uno de los realities más delirantes: un programa llamado «La Báscula» donde un montón de zampabollos-as confesaban sus problemas de obesidad a un público expectante que parecía disfrutar con cada gramo de miseria humana allí mostrada. Mis favoritos entre los concursantes eran una familia a la que llamaban «los Cebolla» que parecían estar pasándoselo en grande con eso de salir en la tele y tal mientras yo aprovechaba para pensar que, bueno, al fin y al cabo he tenido suerte con la vida que me ha tocado vivir (por cierto, después de «La Báscula» programaron un documental estupendo sobre la revista Litoral y la Generación del 27, ¡a esto se le llama coherencia!).

Eso me hace recordar que hace unos años teníamos un reality de estos que era total en una televisión local del municipio de Terrormolinos (pido permiso a Txema Martín para utilizar su expresión), antiguamente conocida como la barriada chic malagueña de Torremolinos, me refiero al inefable «El Gran Polvo», respuesta costasoleña al Gran Hermano mucho antes de que estos tuviesen que convencer a Belén Esteban para levantar audiencia. Se trataba básicamente de ver como una gente que estaban encerrados en un piso se dedicaba a fornicar de las más múltiples maneras a lo largo de una serie de meses, todo acompañado por una iluminación de lo más cutre y unos movimientos de cámara dignos de cualquier operario actual de Terrormolinos Visión, la tele del frikiayuntamiento. Lo bueno del asunto es que recientemente estuve un evento presentado por el genio que inventó este «Gran Polvo», un tipo que ahora ha decidido internarse en la política para pasmo personal, aunque para el resto de los asistentes pareciese lo más normal del mundo.

Últimamente he llegado a la conclusión que he de dejarme de de intentar explicarme lo inexplicable y hacer como todo dios, pasar de todo y a otra cosa, butterfly. No en vano observo como en mi querido gremio parece que la única manera de darse a conocer es salir en algún programa-concurso de estos, mientras más aberrante mejor. ¿No os disteis cuenta de lo que pasó con «The Hit»? Se presentaba como un concurso dispuesto a dignificar la figura del compositor y dar una oportunidad al artista serio, pero al momento se notaba el tufillo pasteloso del asunto y el público respondió como suele hacer con todos los quiero y no puedo: dándole la espalda y dedicando su tiempo a ver a los Cebolla, a su Olvido Hormigos y demás fauna mientras esperaban la nueva temporada de «La Voz», un programa que por más que lo intento me sigue pareciendo espantoso. Mi teoría es que el hortera detecta cuando no eres uno de los suyos  y no puedes intentar meterle un producto a su medida sin pensar como ellos. Mmm, me pregunto si el creador de «El Gran Polvo» no estará utlizando la política para dar el salto definitivo a las televisiones nacionales.

 

 

((Artículo publicado en el Boletín de La Paz el 1-3-2015).

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