Verano II

En verano ocurren cosas impredecibles. Desde las mejores hasta las peores. Y, si estás de vacaciones, las probabilidades aumentan sin límite. El desconocimiento del terreno amplía las posibilidades de que situaciones, unas veces sorprendentes y otras curiosas y peculiares, puedan acontecer. Como los encuentros casuales. Veraneo en el mismo pueblo que Dani Martín, sí, la mismísima estrella de la música pop española que lo llena allá donde va.

Les confieso que el cantante madrileño es un tipo sencillo, de esos chavales buenos de barrio de la periferia de la capital a quien no parece que la fama y el dinero se le hayan subido a la cabeza. Porque Dani, igual que cualquier hijo de vecino, también tiene derecho a tomarse unas cervezas en el chiringuito de la playa donde, al atardecer, suena el magnífico saxo de Jorge Pardo, otro de los grandes que ha dado el jazz y el flamenco en nuestro país. Jorge, que ya es un veterano, anda haciendo bolos de verano, de acá para allá.

De hecho, aún recordamos el inolvidable concierto que ofreció en febrero pasado para presentar su nuevo disco en el Gran Teatro de Cáceres. Y como en verano los cuerpos andan más descansados, al público la fiesta le va ni que pintada para quemar energías.

Y si no, que se lo pregunten a Javier Ojeda, el malagueño líder de esa formación inmortal del pop español que es Danza Invisible. Verle bailar en el escenario de madrugada en el chiringuito frente al mar es toda una declaración de que las figuras de los 90 siguen en forma. Y que se saben ganar el sueldo donde estén.

Ni que decir tiene que el personal lo agradece, y de qué manera. Pero los veranos y sus acontecimientos también sirven para recoger anécdotas como la de ese tipo a quien rescataron de un contenedor de basura de madrugada. Quién sabe cómo había llegado hasta allí. Despertó entre una montaña de basura ante la estupefacción de los operarios de limpieza. O qué decirles de esos camareros que sudan la camiseta entre guiris ávidos de alcohol como a los cientos que vi en las atestadas calles de Málaga hace unos días. Porque en verano todo es posible. Hasta lo normal.

(Artículo de Carlos Ortiz para El Periódico de Extremadura).

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